Cinco repiques de cununo en el decenio de los afrodescendientes - Antiimperialista

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jueves, 10 de agosto de 2017

Cinco repiques de cununo en el decenio de los afrodescendientes




CUNUNEO* UNO: LAS MANOS DEL CAPITALISMO

“Fueron las manos de tu abuelo las que forjaron la civilización y fueron las manos de tu abuela las que mecieron la cuna de la civilización. Pero los libros de texto no les explican a nuestros hijos los grandes aportes que han hecho los afroamericanos al crecimiento y desarrollo de este país”. -Malcolm X

La frase del Malcolm X se refiere a los Estados Unidos de América, pero también retrata la realidad educacional de Ecuador y de la mayoría de los países de Latinoamérica. Cuando los escolares ecuatorianos y americanos miran sus textos, les refriegan la historia, absorben televisión o hay una referencia a la estética social dominante ya son rehenes de la mala educación. Asomado a la crónica roja de los diarios ve gente negra como sujetos criminales. Nutrición perversa para engordar el racismo. Son anacronismos históricos que parecen no envejecer y muestran su vigor en las mediciones sociales: algo menos del 17% de las mujeres afroecuatorianas están en el desempleo. Aquello que la educación no cura se hace costumbre y en un parque de Quito se explicó como “actitud sospechosa”. Y aún se la explica si la noche es negra con gente ídem. Las manos, las de mi gente, las que ennoblecen con armonías el templado pellejo de cierto animal silvestre no reciben homenaje por haber edificado el capitalismo tal como se lo conoce y padece. Bastante, ¿verdad, Brasil? 

CUNUNEO DOS: CANDILES EN LAS ESQUINAS DE AMÉRICA

Resolución del 23 de diciembre de 2013, mediante Resolución 68/237, la Asamblea General de la Naciones Unidas se puso ojos en la nuca, vio y volvió a proclamar: “Eliminar los estereotipos institucionalizados sobre los afrodescendientes y aplicar las sanciones apropiadas a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que actúan sobre la base de perfiles raciales...” Y todos esos ojos miraron con una sola mirada 500 y pico de años, desde que el primer barco portugués salió con las bodegas llenas de mercancía de nuestros ancestros con destino a algún puerto de Europa. Para ese tiempo los africanos, mujeres y hombres, habían dejado de ser etíopes para convertirse en las inteligencias que recuperaban todo el oro posible de las minas, sabían los secretos para cultivar caña de azúcar y algodón, tejían telas que asombraban a las europeas (lo del glamur vino mucho después), curaban enfermedades con remedios que estaban a la vista y esa manos recreaban el mundo a un jeme de la ventana. Y por esa mirada los asambleístas de todas las naciones del planeta se dieron plazo de años, que parecen siglos, para contarse y recontarse la historia escamoteada, negada, adrede olvidada, reducida a la burla y escrita por los beneficiarios del trabajo esclavizado. El Decenio de la Afrodescendencia salió de tanta santa palabra. Salió y está para reformar leyes para facilitarles la vida a los bisnietos de los cimarrones, estropear conductas seculares excluyentes y reunirse para en conversatorios prometerse lucha perpetua hasta que se sepa, valore y se afirme la herencia que benefició a las minorías que aún gobiernan y reparten beneficios según la historia nacional. La economía política con el favor de la raza.

Después de estos pocos años consagrados a la diáspora africana, ¿la penumbra epistemológica continuará? Es de lectura: desconocimiento y espesura de las sombras para esta dolorosa verdad: “los afroamericanos no tienen memoria histórica”. Ilustre falsedad de un ilustre. Triste verba del Aleph. Que sean años para encender candiles “en todas las esquinas de América”. Ojalá ocurra así después del 2024. El Decenio Internacional de los Afrodescendientes, poquita cosa sin dudas, pero en esencia solo una: el Abuelo Zenón cuente saberes y en ellos porfíen los sonidos obligatorios de la palabra suelta.

CUNUNEO TRES: EL VALOR DE LAS COSAS SEGÚN EL ABUELO ZENÓN 

El abuelo Zenón no esperará que se cumpla un Decenio, un año o un mes. Él está pendiente de la cotidianidad, sabe que ahí empieza toda historia, en una mañana o en una tarde. Los males de las comunidades crecen con la primera semilla maldita sembrada y se extenderán si se permite que cada día de baja resistencia o insolvencia filosófica sea propicio para su crecimiento; por abajo las raíces se harán nudos de complejidad para volver inservible cada posibilidad de arrancarla. 

Zenón no precisa de agasajos internacionales, porque hace rato sentenció: “Cuando la voz de los mayores cuestiona la certeza del presente, entonces las nuevas generaciones deberán echar una mirada a lo andado y para corregir el rumbo que llevamos si fuera necesario”. Hay andadura jurídica en el reconocimiento de derechos para los afrodescendientes en algunos países de Latinoamérica, pero la realidad tiene piernas cortas y la lentitud institucional desespera. Un tema clave para la vigencia práctica de los derechos humanos de los afroecuatorianos es la educación. La educación es el valor de todas las cosas y hasta de las personas, si nos atenemos al otro Sermón de la Montaña, “serán juzgados por el contenido de su carácter”.

CUNUNEO CUATRO: EMANCIPACIÓN DEL INTELECTO CIMARRÓN

Sheila Walker predica con el ejemplo: “emancipar la mente mediante el cimarronismo”. La atrevida ignorancia vanagloria el eurocentrismo, como señal que el colonizador está activo en sus conciencias. Olvidan que son hijos de los migrantes forzados que durante dos siglos sudaron el 75 % del total de la producción que se comerciaba en la costa atlántica de las Américas, dice Sheila. En esa línea de encandilar caminos oscurecidos y aparentemente perdidos, Marvyn Claxton, citando a Jared Diamond, de su Guns, Germs and Steel: The Fates of Human Societies (1997): “La fundición del cobre había estado ocurriendo en el Sahara Occidental, y el Sahel, al menos desde el 2000 a. C. Ello podría haber sido el precursor de un descubrimiento independiente, en África, de la metalurgia de hierro (…) los herreros africanos descubrieron cómo producir las altas temperaturas en los hornos aldeanos más 2000 años antes de los hornos Bessemer de la Europa y América del siglo XIX”.

Jean Pierre Tardieu explica el porqué la resistencia anticolonialista exitosa de la alianza indoafricana liderada por Alonso de Illescas y sobre la marcha desmiente la supuesta “crueldad” de los africanos enfatizada por Miguel Cabello de Balboa. Tardieu explica: “Dominados éstos (o sea los indígenas, JME), no vacilaron en hacerles compartir ciertos conocimientos suyos. A los pueblos situados entre el río Atacames y el río Portete, les enseñaron cómo usar fragua con fuelles hechos con pellejo de puerco montés. No olvidemos que en muchas etnias de la sabana africana, la metalurgia utilizaba herramientas de factura parecida”. En una nota aparte amplía la explicación: “Véase lo que dicen H. Bauman y D. Westerman acerca de estas fraguas con fuelles de pellejo usadas por los wolofes, los peules, los mandés, los pueblos situados en el centro de Togo y los yorubas en: Les peuples et les civilisations de l’Afrique, París: Payot, 1 970, págs. 381, 415 y 357”. 

CUNUNEO CINCO: AHORA SÍ, EL ORÁCULO DE IFÁ

El triste y odioso conocimiento de África que se tiene no solo es por las populares invenciones de Edgar Rice Burroughs, por el racismo epistemológico de la mejor literatura española o por la espectacularidad filmográfica que hicieron un retrato devastador de los procesos civilizatorios africanos. Por eso asumirse afrodescendiente es empalencarse, levantar el quilombo o poner en pie de lucha al cumbe. Todo en su espacio geo-histórico es igualito. O asumir nuestra sagrada herencia, hermanar toda la diáspora africana y casa adentro validar la cantidad saberes nuestros. Son los mismos decires y sentires donde quiera que se cununee o se interpreten los manifiestos de Orunmilá. 

Varios nombres cambiaron para siempre la narración cultural de África, de la africanidad y de la afrodescendencia: Cheikh Anta Diop (Senegal), Hampaté Ba (Malí), Joeph Ki Zerbo (Burkina Faso), Alí Mazruí (Kenia), Teophile Obenga (República del Congo), entre muchos otros. En nuestro país, Juan García Salazar, el Maestro de la negritud colombo- ecuatoriana.

El bakosó: es la educación. Los investigadores tendrán decenas de temas, pero la educación “Es el instrumento para ayudar a nuestros hijos y a nuestro pueblo a redescubrir su identidad y, de este modo, reafirmar su dignidad”. No es el Oráculo de Ifá; es Malcolm X el que habla. La Justicia no se agota en un ministerio ni los derechos humanos es un comedido discurso de académicos, con bastante labia y teorizaciones. Este jazzman cree que los sistemas de enseñanza americanos todavía defraudan la intención constitucional de aquello que anda de boca en boca: lo ‘intercultural’ y lo ‘diverso’. Es un lío de la macana con planes y programas, porque las autoridades ministeriales no entienden los países que somos y buscan en otros mundos el instrumento mágico que está ahí, en las comunidades.

El racismo está en la mente de las personas y ahí permanece vivito y mortificando mientras la educación (y la política), y no las leyes, lo derroten. El decenio de los afrodescendientes no debe quedarse en esa tarabita de las buenas intenciones y conversar con las comunidades negras las mejoras educativas. Es de ciencia y saberes, del peso de la vida histórica y del cosmos proverbial del abuelo Zenón. El racismo es combustible ideológico, pero social y económicamente pueden ser medidos y verificados sus efectos. No es una abstracción o la mala fe de “ciertos elementos sociales aislados”, es el desacierto emperrado de siglos de mala educación de los Estados americanos.

“Mucho de lo que ahora nos afecta como pueblo, tiene que ver con lo que hemos aprendido de los otros, de los que se benefician de nuestras decisiones y de nuestros entendidos. Mucho de lo que aprendemos está relacionado con lo que el otro quiere que tengamos como verdad”. Tremendo axê de Zenón. 

Nota:

*Cununeo: sonido del cununo, tambor de la costa colombo-ecuatoriana, que se toca directamente con las manos sobre el pellejo. Se emplea en las orquestas de marimba para ejecutar los ritmos de la cultura afrodescendiente, como el currulao.



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