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Gonzalo González, un músico de jazz




El jazz es una música que tienes que traer de adentro.
Para uno significa mucho: renacer cada vez que tocas.
Es la alegría de vivir. Eso es lo que me provoca cada vez
que toco en algún lugar.
Gonzalo González

A mi abuelo Guadalupe Hernández Limón.
Músico, bailarín y campesino.
Sembrador de café en los campos de San José
de los Naranjos, Veracruz, México. In Memorian.

Introducción

A mediados del siglo XX el jazz en México tenía un cualidad importante que la hizo diferente en todo el proceso histórico en qué se manifestó. Antes y después el jazz no tuvo una resonancia sustancial en la historia de la música popular en México. Se puede afirmar que el jazz fue una música popular. Y no una música presumidona y de elites que produjo después la pequeña burguesía. En estos años se produjo cierta coerción y enfrentamiento que acabó colocando a la música de jazz en una posición neutral, sumisa y muy conservadora. Y definió el camino que siguió hasta nuestros días. En ese sentido, antes del nuevo proceso histórico conservador y elitista, el jazz lo habían producido grandes músicos provenientes en su mayoría del interior del país, que no contaban con una formación académica. Ni tampoco venía de la elite provinciana. Estos músicos más bien provenían de sectores populares que buscaron un medio para vivir, pero sobre todo, un medio para satisfacer y manifestar sus necesidades psíquico-emocionales y materiales. Esta realidad de los músicos y otros sectores sociales excluidos se dio en medio de la anhelada política-económica de los gobernantes que buscaban colocar a México como uno de los países más desarrollados y avanzados del mundo. Sin considerar que ese proyecto político profundizaría las relaciones económico-sociales. Afectando sobre todo a sectores sociales que ya de por sí vivían en la pobreza. Y que buscaban los medios no sólo para vivir sino un lugar en el México industrializado. Uno de esos músicos provenientes de estos sectores fue el gran baterista Gonzalo González “chalillo”. El impresionante talento que poseía lo colocaba como uno de los grandes músicos mexicanos. En alguna ocasión me tocó a preciar su gran virtud en un concierto que dio en el Centro Cultural Ollin Yoliztli de la Ciudad de México en el año de 2006. Afortunadamente pude platicar con este músico, a pocos años de su partida en el 2012. En lo que sigue vamos a hablar de este gran músico basándome sólo en algunos aspectos históricos sociales de su vida y el momento en que le tocó vivir.

La música en el México posrevolucionario

El México posrevolucionario había entrado en un proceso de trasformación política, económica, social y cultural. La destrucción de gran parte del Estado porfiriano permitió nuevas relaciones sociales en el país que lo actualizó y reivindicó en concordancia con el mundo capitalista mundial y con el vecino del norte. Sin dejar de mirar lo que pasaba en el sur y en el caribe hispanófono. Los nuevos gobernantes tendieron al fortalecimiento y centralización de los órganos del gobierno con el fin de restructurar el nuevo Estado y dotarlo de mayor fortaleza para mantener la estabilidad y tranquilidad que la nueva burguesía en el poder necesitaba. La cultura nacionalista financiada y promovida por el Estado se convirtió en un modo de vida para una parte de la población que buscaba no sólo un modo para entretenerse sino para reivindicarse política y socialmente. Era el espacio ideológico-cultural de la mal llamada clase media que tenía el control del Estado y que se autopromovia y reivindicaba hasta alcanzar no solo un porcentaje considerable de la población en el país sino un poder en las estructuras del Estado mexicano.

Al mismo tiempo los sectores populares habían alcanzado un lugar en la sociedad mexicana que estaba todavía por construirse. El lugar en la sociedad mexicana de los sectores populares no era gratis, pues habían tenido un gran papel en la lucha revolucionaria de 1910-1917. Fue el sector que puso los muertos, que buscó su reconocimiento social, política y culturalmente. Ese papel obligó a los grupos de poder pequeño burgués (autodenominada clase media) a reconocer su papel. De ahí que tuvieron una gran y amplia participación social en la cultura, por ejemplo. La cultura popular era muy diversa. En lo musical también era muy amplio y diverso. Sin embargo en relación al músico y la música que vamos hablar aquí, era una expresión musical popular que no surgió o nació en México. La música que luego después adoptan los sectores populares mexicanos proviene del Caribe y de Estados Unidos.

Las interpretaciones musicales que se distinguen en México llegaron alcanzar gran popularidad desde los años treinta hasta los años cincuenta y sesenta del siglo XX. La primera fue la música afroantillana en la que se distinguieron varias interpretaciones como el son, danzón, mambo, entre otros. En esta, varios músicos, sobre todo cubanos, introdujeron la cultura al país que luego se arraigó e influyó en la vida y reproducción musical de la sociedad mexicana. Con el tiempo esta música se desarrolló a tal grado que genero gran auge en las principales ciudades de México. Allí las grandes orquestas de músicos cubanos y mexicanos se presentaban en salones de baile. La segunda fue el jazz de origen estadounidense. Si bien este música también tiene su origen en el Caribe, fue parte de las interpretaciones musicales que tuvieron gran arraigo en el México posrevolucionario. Incluso desde los años veinte se organizaron pequeñas y grandes orquestas de jazz que tocaban en salones de baile. Sin embargo no es sino hasta los cincuenta en que aparece un gran resplandor de la música de jazz en la Ciudad de México. En este contexto el baterista Gonzalo González confluye. Formándose como un músico a través de la experiencia cultural y política. De la experiencia en la vida urbana e incluso rural del México provinciano y en la capital del país. 

El músico de provincia: Gonzalo González

El baterista Gonzalo González “chalillo” nació el 10 de diciembre de 1931 en Monterrey, Nuevo León. Era hijo de una familia que se ganaba la vida rentado juegos mecánicos en las ferias populares en distintos lugares de Nuevo León y Tamaulipas a mediados de los años treinta. Su padre era propietario de un carrusel de caballitos, rueda de la fortuna, sillas voladoras, entre otros juegos. Al padre le gustaba tener música en vivo en el carrusel de caballitos para darle un mejor ambiente a los visitantes y a la feria en sí misma. Los músicos que tocaban conformaban una pequeña orquesta de tres o cuatro integrantes, entre ellos lo conformaba un trompetista, un clarinetista y un baterista. Este último lo ocupaba Gonzalo González siendo muy joven. Fue una de sus primeras experiencias en la vida musical. Su formación empezó sobre la práctica y la necesidad de ganarse la vida junto con su padre. 

En los años treinta surgieron las carpas. Teatros ambulantes que viajaban por todo el país e incluso al extranjero. Estas surgieron como una forma de entretenimiento e incluso de control social para las clases populares. Promovidas por la Industria Cultural de consumo y por el Estado. Mientras las elites y grupos de poder (clase alta y media) iban al teatro que poco o nada tenían que ver con el pueblo, los sectores excluidos tenían como una forma de diversión las carpas. En estas la gente se asemejaba con los actores y participaba en el espectáculo a través de bromas y ocurrencias. En ellas encontraba un lugar que les era familiar y propio. La carpa se instalaba en un lugar, sobre todo en lugares urbanos y rurales donde habitaba la población empobrecida. Allí uno de los organizadores de las carpas anunciaba el espectáculo que se presentaría al mediodía, en la tarde o en la noche. Dependía de la carpa y de los lugares que visitaba. Las entradas eran accesibles, pues era viable para consumo de la basta población excluida. En las presentaciones se usaba un lenguaje acorde al pueblo e imitaban alguna figura política de la época para ridiculizarla o para sobrellevar la vida de lo que hacían sus propios gobernantes. Esto les hacía reír irónicamente. Además se presentaban hermosas vedettes que eran tan populares en esa época. Las cuales se oía cantar por la radio o en algún otro lugar de la farándula popular. De la misma manera era la presentación de los cómicos que se había puesto de moda. Cabe explicar que de aquí surgieron grandes músicos, actores, entre otros personajes que luego se hicieron famosos. Por ejemplo, el gran Mario Moreno “Cantinflas”, que en su primera época representó críticamente a la población popular y excluida del México posrevolucionario.

En ese contexto el padre de Gonzalo González se convirtió en empresario de una carpa. Allí el baterista tocaba en los espectáculos, acompañando no solo las presentaciones de las vedettes sino las presentaciones de los cómicos de la época. En algunas de las presentaciones muchos de los músicos experimentaban su vida musical siguiendo cada escena de los cómicos o incluso de las propias vedettes. Este sería un elemento que luego permitió la formación de los músicos populares que se distinguieron por su manera de improvisar, por ejemplo. Las escenas representadas por los cómicos, los músicos las ambientaban con la música. Aunque también era el acompañamiento musical de las o los cantantes. La improvisación tenía una gran importancia en la música popular desde hacía algún tiempo. Mientras que la mal llamada música “culta” o de concierto se alejaba de la improvisación, la música popular lo tomaba como un elemento importante para su manifestación o expresión. El crítico de jazz alemán Joachim E, Berendt reconoce que en la música llamada de concierto europea se había atrofiado al dejarla de lado. Al provocar que ni los más sobresalientes solistas fueran capaces de llenar con una improvisación las cadencias (Berendt; 2002: p. 268). La improvisación resulta de gran importancia para la música popular, y particularmente en el jazz. El historiador Ted Gioia habla de la importancia de la improvisación desde las primeras manifestaciones del jazz. En las grandes danzas de esclavos y músicos en el Congo Square de las primeras décadas de siglo XIX sale a relucir la formidable improvisación que se manifestó a lo largo de todo el tiempo (Gioia; 2002: p. 11). A partir de los años treinta en que Gonzalo González estaba formándose como músico la improvisación ya se daba sobre armonías dadas. Es decir, la música popular, independientemente del jazz, hubo un momento en que se podía improvisar. Adquirió un singularidad en la música popular que permitió a varios músicos involucrase con el tiempo en el jazz. También porque fue un momento y un espacio que daba al músico expresar lo que sentía en ese momento. Esta era la experiencia que adquirieron los músicos como Gonzalo González en las carpas que facilitó o abrió la posibilidad del jazz a partir de los años cincuenta.

En eso años Gonzalo González no había aprendido a tocar si no a través de la experiencia en el ambiente musical y artística de la época. A través de lo que comúnmente llaman de “oído”. Es decir, a partir de los pocos medios que existían para oír y reproducir la música. Incluso en los primeros años treinta no existían métodos para aprender a tocar. Según el propio Gonzalo, será entre los años cuarenta y primeros años cincuenta cuando aparece el primer método. Fue el del baterista estadounidense Gene Krupa con el que aprendieron algunos bateristas a tocar jazz. Gonzalo escuchaba los discos de Krupa y se aprendía los “solos” de jazz que luego tocaba en algunas presentaciones. Pero que también se debido a que algunas veces el mismo púbico pedía ciertos “temas”, como suelen llamar. Cabe decir que muchos de los músicos aprendieron por sí mismos, entre los que se encontraba Gonzalo González. De la misma manera cabe decir que era el momento en que el “solo” y el “solo improvisado” empezaban a adquirir cierta importancia en los músicos mexicanos. En Estados Unidos ya tenía más o menos una década que los músicos de jazz lo había desarrollado en los escenarios. El “solo” es una expresión de la música moderna y de una sociedad con cualidades individualizadoras muy propias de Estados Unidos. Fenómeno que viene a influir en el México posrevolucionario. Muchas orquestas de la época los músicos no sabían leer música, sin embargo eso no quitaba que no fueran grandes músicos. Gonzalo lo decía así: “yo conocí una orquesta en Tampico que se llamaban “Los Gatos Negros”. El director era el único que sabía música y a cada quien le enseñaba su parte: tú toca así y tú así. Y fue una orquesta muy famosa y tocaba bien, pero cuando empezaron a estudiar música, empezó a decaer, a ir mal. Los músicos empezaron a irse a otras partes”.

En la época de las grandes orquestas (tanto de influencia afroantillana como de jazz) el baterista Gonzalo González tocaba en una orquesta de Matamoros, Tamaulipas a la edad de diecisiete años. En un establecimiento propiedad de Chuco Hernández la orquesta presentaba funciones en las que tocaban, cantaban y bailaban entre las mesas con el fin de entretener al público asistente. En esas presentaciones convivían con un ballet español que el propietario había contratado desde España. Con la finalidad de darle un mejor ambiente al lugar. El ballet era conformado, entre otras muchas, por María Elena Montijo, muy conocida en aquella época. En esa experiencia Gonzalo se involucró a fondo en el estudio de la música. Es decir, se vio obligado a leer música debido a que Chucho Hernández pretendía que se tocaran algunas composiciones muy conocidas en aquella época, que sólo llegaban a partir de partituras. Los mismos músicos de la orquestas prepararon a Gonzalo, al darle las primeras lecciones de solfeo. En esa época la formación de los músicos era muy limitada. Si bien, por un lado, las condiciones para prepararse en una escuela eran muy difíciles para la población que no tenía los recursos y la disponibilidad; por el otro, tampoco había escuelas de música que permitiera el acceso de una población que deseaba estudiar. Gonzalo González le apostaba a su “buen oído” para aprender a tocar no solo como lo hacían los músicos de jazz de la época sino también desarrollar su propia personalidad musical. Gran parte de su vida en el jazz y otra música le favoreció su habilidad. Aunque nunca dejó de lado su preparación musical.

El surgimiento y formación de Gonzalo González se relaciona en el momento en que le tocó vivir. El ambiente de las grandes orquestas fue una de las particularidades que lo prepararon o incluso lo condicionaron, pero también se retractó y lo retractaron. La música que se produce en un determinado momento expresa parte de sus condiciones sociales, políticas y culturales. Esa misma realidad es percibida por los mismos músicos. Incluso la música es un medio no sólo para manifestarse sino también cumple un papel concientizador y normalizador de las relaciones sociales. Es decir, un medio de percibir la sociedad en varios sentidos. Al percibirla, cumple varias funciones: para retractarse de la sociedad que la produce, para consolidar esa reproducción, para legitimarla, para sobrevivir, entre otras cuestiones. Los músicos que tocaban en las orquestas se expresaron de diversa forma. Para eso habría que estudiar a cada uno de los músicos que trabajaron en aquella época. En el caso de Gonzalo era un medio de sobrevivencia e integración a la sociedad mexicana, también como un medio de expresión. Incluso en el jazz, por ejemplo, dice que para él expresan “los sentimientos que uno tiene, los que sacas a flote. En el que te sale otro espíritu”. Pero en la época de auge de las orquestas apenas proliferaban los elementos del jazz que se venían presentando. Y eso origina de alguna forma el espacio para la manifestación de la música jazzística. No obstante la proliferación de las orquestas genera, en parte, la aparición de músicos y grupos de jazz; pero también la influencia y llegada de músicos de jazz estadounidense a México. En las orquestas le provee de trabajo a Gonzalo González. Y es posible que lo lleve a distintas partes del país y sobre todo a la Ciudad de México. En los años cuarenta y cincuenta trabajó en muchas orquestas. Y en ese ambiente los músicos de orquestas (como Gonzalo González) empezarían las sesiones de jazz. Algunas veces en salones de baile o en cabarets que eran los lugares predilectos de los sectores populares de la época y donde continuamente tocaban las orquestas. Las esporádicas reuniones será el primer movimiento que permite la aparición de los primeros intérpretes y grupos de jazz en México de los años cincuenta. De aquí que empieza una nueva vida en la música y sobre todo en el jazz que fue profundizándose en la ciudad de México para satisfacer la demanda de un sector pequeño burgués que ocupaba un gran espacio en las estructuras del poder de la sociedad mexicana. 

Conclusión

Gonzalo González se formó y presentó su vida musical en una primera época, en una determinada particularidad en la historia del México. Un músico que provenía de los sectores populares del México provinciano. Aprendiendo y desarrollándose en ambientes populares y comerciales. La música y cultura popular le provee de elementos en su vida para formarse como músico de orquesta y luego de jazz. En una época en el que el México posrevolucionario buscaba entrar al mundo del capitalismo mundial. Mientras las elites posrevolucionarias buscaban reivindicarse en el poder, los sectores populares se manifestaron creando sus propios espacios y convivir bajo otras condiciones. Entre ellas se manifestó la música popular afroantillana y organización de las grandes orquestas; por otro lado, donde también dio vida al primer movimiento de jazz que proliferó en México. El origen musical de Gonzalo González provino de los sectores sociales que tenían una gran participación popular en la vida nacional posrevolucionaria. De ahí que el jazz en el que él participa, fue una música con esas raíces. No de un jazz que luego se fue institucionalizando, para que luego las elites la adoptaran y la reprodujeran. El movimiento de los músicos de jazz entra en un momento en que va a definir el lugar que ocupará en la sociedad. Chocando con el Estado e integrándose a él. 


Bibliografía

Berendt, Joachim E. (2002). El jazz. De Nueva Orleans a los años ochenta. México: FCE.

Gioia, Ted. (2002). Historia del jazz. Madrid. México: Turner, FCE.

Entrevista: González, Gonzalo, entrevista realizada por Ramiro Hernández Romero el día 25 de enero de 2007 en la Ciudad de México.




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