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El servicio de salud en Gaza está por colapsar por los cortes de energía/ Fragmentos de un éxodo invisible



Resumen Latinoamericano/ 25 de julio 2017 .-

En la Franja de Gaza, los trabajadores médicos advierten que las restricciones de electricidad impuestas por Israel amenazan las vidas de enfermos y ancianos. Este mes, los habitantes de Gaza han recibido entre dos y cuatro horas de electricidad por día, después de que la Autoridad Palestina redujera los pagos por electricidad a Israel en un intento de aislar y debilitar a su rival político, Hamas. Debido a ello, los hospitales enfrentan dificultades para mantener vivos a los pacientes más vulnerables. Esta es Ritta al-Jalees, cuyos hijos sufren de fibrosis quística.




Ritta al-Jalees expresó: “La escasez de electricidad afecta mucho su tratamiento, porque [estos pacientes] necesitan una máquina que los ayude a respirar y necesitan un lugar fresco. No pueden usar la máquina para respirar porque la mayor parte del tiempo no contamos con electricidad, y cuando la tenemos no podemos usarla con los tres porque viene por poco tiempo”.


En 2012, la Organización Mundial de la Salud advirtió que Gaza sería inhabitable para el año 2020, pero ahora la ONU afirma que las condiciones de vida en Gaza se han deteriorado más rápido de lo esperado y que el área ya se ha vuelto inhabitable. Visite democracynow.org/es para ver más información sobre la catástrofe humanitaria en Gaza.


19/7/17


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Palestina: Fragmentos de un éxodo invisible

Después de la última frontera, del último cielo

Rio de Janeiro / Buenos Aires 18 MAY 2017 – 22:08 CEST


النكبة

¿Dónde deberíamos ir después de la última frontera; dónde debieran volar los pájaros después del último cielo?

Mahmoud Darwish, poeta palestino.


Lo que llama la atención no es que haya ocurrido. Lo que llama la atención es que casi nadie lo recuerde. El 15 de mayo de 1948 fue un día trágico. Pocas horas después que David Ben Gurión leyera la declaración de la independencia de Israel y el día en que concluía el mandato británico sobre Palestina, se iniciaba la primera guerra entre el nuevo Estado israelí y los países árabes. La guerra de 1948 fue para Israel la gran gesta de su independencia. Pero también fue la guerra que produjo uno de los más brutales éxodos que se hayan conocido en la historia de la humanidad: el del pueblo palestino, despojado de su tierra, desplazado de su nación, amordazado, encarcelado, silenciado. Un pueblo al que, desde entonces, las naciones más poderosas del planeta han tratado de aniquilar, volviéndolo invisible; un pueblo al que han tratado de reinventar, condenándolo a la inexistencia.


Mujer palestina en un campo de refugiados de Jordania 


Una mujer. Un cuerpo sufriente. Una mujer tapando su boca. Una mujer en un campo de refugiados: Baqa´a, Jordania. Una palabra: nakba. Una ausencia: la tierra. Una nación: Palestina. Un trabajo colectivo: la memoria.


Nakba: catástrofe, desastre. Éxodo: la expulsión palestina que comienza en 1948. 700 mil seres humanos desplazados, empujados al abismo de la incertidumbre, para siempre, sin otra esperanza que la de mantener activa la memoria, para recuperar algún día lo que le han robado y a casi nadie le importa.

La guerra de 1948 que condujo a la creación del Estado de Israel, tuvo como consecuencia la devastación de Palestina. La dialéctica de la muerte y el renacimiento, tan propia del mundo occidental, reunidas en un mismo acontecimiento. En un mismo grito de dolor, en un mismo símbolo de barbarie, silenciado ante el mundo.


Éxodo palestino, 1948. ARCHIVO FOTOGRAFICO DE LA UNRWA / MEMORIA DEL MUNDO, UNESCO


Cincuenta años después / estoy tratando de contar la historia / de lo que se perdió / antes de mi nacimiento / la historia de lo que estaba allí / antes de que la casa de piedra cayera / el mortero explotó / las rocas sueltas fueron llevadas lejos para nuevos propósitos, o aplastadas / la tierra se declaró limpia, vacía.

Lisa Suhair Majaj, poeta palestina.


ampliar fotoEscuela en un campo de refugiados palestinos. ARCHIVO FOTOGRAFICO DE LA UNRWA / MEMORIA DEL MUNDO, UNESCO


Cada una de las distintas generaciones que han sobrevivido a la catástrofe puede armar un rompecabezas de piezas que se han astillado, convirtiendo las casas de las aldeas en millones de partículas de piedras dispersas por el desierto. Una montaña de escombros que más tarde serviría para edificar el muro que sigue separando, aislando, deportando a los palestinos de su historia. El muro que pretende silenciarlos y mantenerlos invisibles.

“La visión más desgarradora fueron los gatos y los perros ladrando y haciendo jaleo, tratando de seguir a sus dueños. Yo escuché a un hombre gritarle a su perro: Vuelve. ¡Tú al menos puedes quedarte!”

(Citado en: Ahmad H. Sa´di & Lila Abu-Lughod. Nakba. Palestina, 1948 y los reclamos de la memoria. Editorial Canaán, Buenos Aires, 2017)



ampliar fotoÉxodo palestino, 1948. ARCHIVO FOTOGRAFICO DE LA UNRWA / MEMORIA DEL MUNDO, UNESCO


Después de la Nakba, no todos abandonaron Palestina. Algunos quedaron bajo el control territorial del Estado de Israel. Palestina fue confiscada, dividida en Cisjordania y la Franja de Gaza, en territorios controlados colonialmente, infectados por check points que bloquean o autorizan ocasionalmente el tránsito de los palestinos, transformados así en refugiados en su propia tierra. Los palestinos, aquellos cuya presencia fue sustituida por la ausencia, como alguna vez sostuvo Edward Said.

Palestina y los palestinos viven bajo la constante amenaza del desvanecimiento de la memoria. Viven una carrera contra el tiempo, tratando de transmitir la experiencia del despojo a las jóvenes generaciones, las cuales han nacido lejos de su propia patria y han crecido envueltas en narrativas que silencian o niegan la opresión colonial de su pueblo. La “generación de la Nakba” se vuelve anciana, se cansa, se vuelve un verdadero “cuerpo archivo”, vital para el ejercicio de la transmutación de la memoria oral a las palabras escritas. Una carrera contra el tiempo, como la del sujeto colonizado que describe Frantz Fanon: “Llega usted demasiado tarde, tardísimo. Entre ustedes y nosotros habrá siempre un mundo.”


Familia palestina, 1948. ARCHIVO FOTOGRAFICO DE LA UNRWA / MEMORIA DEL MUNDO, UNESCO



عودة

Él retornó, dijo, para plantar en ella el árbol del conocimiento / y él era ese árbol. / Él nació en Jaffa y a Jaffa retornó, para permanecer / allí por la eternidad, cerca del árbol del paraíso.

Mahmoud Darwish, poeta palestino



ampliar fotoEscuela en un campo de refugiados palestinos. ARCHIVO FOTOGRAFICO DE LA UNRWA / MEMORIA DEL MUNDO, UNESCO


El poder de una potencia colonial no reside en disminuir o maquillar las evidencias de su prepotencia invasora, sino, fundamentalmente, en borrar las marcas, los trazos y las filigranas en las que puede leerse la memoria, la narrativa, el relato que cuenta la historia de quien está siendo colonizado. Por eso, los poderes coloniales matan, destierran y silencian a los intelectuales, despedazan sus bibliotecas, incineran sus libros, silencian las voces que cantan y cuentan otra historia, aniquilan a quienes representan el pasado y, justamente por eso, pueden edificar un camino de esperanza hacia el futuro. En Palestina, el Estado de Israel hizo todo esto. Pero hizo mucho más. Arrancó los olivos, los desmembró, atravesándolos con un muro. En su lugar, ocasionalmente, plantó abetos europeos. El poder colonial se imprime en el paisaje, se diluye en el horizonte como parte de una nueva geografía, con una implacable transformación del ambiente, creando, más bien, inventando la tierra misma, sus ríos, sus plantas, sus montañas y praderas, el aroma, el color y los sonidos que brotan de ese espacio desconocido, que alguna vez fue nuestro hogar. El ejército de Israel siempre supo que además de protegerse de las piedras que surcan el cielo de Palestina, había que protegerse de la sombre de los olivos, esos sitios insurgentes en los que habita encarnada la memoria de los desplazados. Los olivos fueron un objetivo militar, porque allí sobrevivía la historia de los que alguna vez volverán.

La colonización de la memoria supuso el exterminio de los trazos que marcaron la presencia de los palestinos en su propia tierra. Unos y otros, colonizadores y abetos, extranjeros en esa tierra de dolor y desamparo. “Solo los árboles de olivo – sostendrá Darwish – permanecerán como un sustituto viviente, fragmentado de la experiencia colectiva en Palestina.”

Somos las víctimas de las víctimas –lo cual es bastante inusual (…) estamos sujetos a un colonialismo único. Nos quieren muertos o exiliados. (…) Las vidas de los israelíes y palestinos están desesperadamente entrelazadas. No hay modo de separarlas. Ustedes pueden tener una fantasía y negar o poner al pueblo en guetos. Pero en realidad hay una historia en común. Tenemos que encontrar el modo de vivir juntos. (…) Nosotros nos mantenemos firmes en el tema de la identidad como algo mucho más significante y políticamente democrático que la mera residencia y servidumbre que Israel nos ofrece. Lo que nosotros pedimos como palestinos es el derecho a ser ciudadanos (…) Elegir esa identidad es hacer historia, no elegirla es desaparecer.


Edward Said, intelectual palestino.


Nakba: catástrofe, desastre. Quizás también: persistencia de la memoria, retorno, dignidad, verdad, justicia.

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http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/25/palestina-el-servicio-de-salud-en-gaza-esta-por-colapsar-por-los-cortes-de-energia-fragmentos-de-un-exodo-invisible/



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