Titulares

lunes, 17 de julio de 2017

Análisis: El riesgo de disputar migajas en el medio del apocalipsis





Por Jorge Falcone, Grandes Alamedas, Resumen Latinoamericano / 17 de julio 2017 .- 
“En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

Quienes todavía pretenden ‘arreglar’ o ‘salvar’ al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder”.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Moisés.

Subcomandante Insurgente Galeano.


1 – Buena parte de la militancia sigue analizando la realidad con matrices de pensamiento perimidas


“…sin duda muchos grupos de la izquierda anticapitalista están lejos aún de haber integrado, de manera decisiva la cuestión ecológica en su concepción del socialismo y de la revolución. Es nuestra tarea convencerlos, pacientemente, en una discusión fraternal. Pero quizás, más que nuestros argumentos, serán los hechos, cada vez más graves en los próximos años, que harán cambiar sus ideas”.

Michael Lowy, El peligro de un eco-suicidio planetario como problema estratégico central de la Izquierda.


El imaginario que campeó durante los convulsionados 70s aún ejerce gran influencia sobre vastos sectores de la militancia, particularmente aquellos no demasiado permeados por la nueva subjetividad generada durante el Argentinazo de 2001. Creemos que analizar este fenómeno requiere revisar la matriz de pensamiento imperante durante aquel mundo binario del siglo pasado.


La modernidad se inició con el humanismo renacentista. Según Enrique Dussel, impulsor de la Filosofía de la Liberación (una de las teorías críticas contemporáneas), con la conquista de América y la expansión de Europa hacia el llamado Nuevo Mundo. Aquella cosmovisión puso al ser humano como el centro de reflexión y exaltó sus facultades, viéndolo como un ser digno de hacerse y modelarse a sí mismo. En esa época el pensamiento prestó especial atención a las cuestiones epistemológicas que permitían dar cuenta del desarrollo científico. Así como los esfuerzos de Descartes por encontrar un fundamento indubitable del conocimiento, podemos ubicar también a Kant y su crítica de la razón pura. La importancia de fundamentar el conocimiento y conocer los límites de las facultades humanas tiene que ver con la confianza en que el desarrollo de la ciencia es lo que nos llevará a un mejor estado de cosas, idea – fuerza que aún alimenta el peligroso mito del progreso ilimitado.


A partir de los sesenta, con el tránsito gradual del paradigma metalmecánico al telemático, se producen una serie de cambios culturales tecno-económicos e ideológicos que afectan de manera desigual a las sociedades económicamente avanzadas. A este nuevo período se le conoce como posmodernidad por suceder a la modernidad. Para algunos analistas el cambio ideológico y de mentalidad que se está produciendo es tan notable que se habla de un concepto de mutación histórica, es decir, estamos viviendo el paso de una sociedad industrial a una sociedad de servicios. En el plano del pensamiento, uno de los emblemas de dicho fenómeno fue el libro de Francis Fukuyama “El fin de la historia y el último hombre“, que refleja nítidamente la pérdida de confianza en la capacidad humana para transformar el propio destino, concibiéndolo a merced de los mercados mundiales.


Una de las consecuencias de dicho proceso viene siendo la Revolución Tecnológica, que – así como prometió materializar mediante la red de redes la profecía mcluhaniana de la Aldea Global – impacta severamente sobre el mundo del trabajo, sustituyendo vertiginosamente mano de obra, lo cual pone en crisis el histórico anhelo de pleno empleo, y por consiguiente la noción del movimiento obrero organizado como columna vertebral del movimiento nacional, en la medida en que genera nuevos actores sociales, que a su vez nos demandan rediscutir el perfil del sujeto histórico de la transformación pendiente. Es más, el marxismo clásico hablaba de un ejército de recambio a la espera de ocupar su puesto en el proceso productivo, mientras que en el Siglo XXI las naciones implotadas como Haití o las masas desplazadas como los náufragos de Lampedusa proponen el dramático interrogante acerca de si no se trata de contingentes humanos destinados al sacrificio por un capitalismo cada vez más salvaje.


2 – Antropoceno. La naturaleza como objeto de consumo


“…si el quiebre del constructo humano, cada vez menos natural (es decir cada vez menos ligado a las reglas o constantes de la naturaleza) en que vivimos se llega a fracturar – mediante el calentamiento global o cualquier otro factor irruptivo – la crisis no va a ser solo nuestra, los del suelo planetario; también abarcará a los actuales privilegiados y usufructuarios del agribusiness, la nube digital, el mundo de las corporaciones y lo que ahora llamamos – en neocastellano básico – sus CEOS: la tecnosfera que nos mostrara Andrew Kimbrell no puede existir sin las respectivas socioesfera y biosfera”.

Luis E. Sabini Fernández

Editor de la revista “Futuros”


De un tiempo a esta parte hemos transitado de aquellas Sociedades del Disciplinamiento en que el orden se nos imponía con bayoneta y picana, a estas Sociedades del Control en las que se nos sojuzga sosteniendo una parodia de institucionalidad cimentada en el control mediático (el asedio permanente contra los medios contrainformativos, como el allanamiento y saqueo sufrido a principio de año por Resumen Latinoamericano, da cuenta de cómo procede el poder cuando se intenta alzar voces alternativas al discurso hegemónico)

La desaparición física de Fidel Castro, acaso la expresión más alta de las utopías que fuimos capaces de forjar durante el Siglo XX, invita a una revisión profunda de las estrategias de lucha ensayadas durante los 70s en Nuestra América y el llamado Tercer Mundo. Por lo pronto, digamos que tras la zozobra del socialismo real, el mundo que le toca transformar a las nuevas generaciones no cuenta con una teoría revolucionaria para afrontar dicha empresa. Prueba de ello es la aparición de un discurso aparentemente antisistémico por parte del Vaticano. Todo indicaría pues que para enfrentar la crisis civilizatoria en curso hace falta algo más que comprender la lucha de clases.

Sin ir más lejos, a lo largo de los últimos años destacados investigadores han venido debatiendo si corresponde comenzar a hablar de una nueva etapa geológica, a la que – en atención a la ontología dualista occidental que enfrenta al hombre con la naturaleza – denominan provisoriamente Antropoceno, definiendo así a la etapa histórica inaugurada por el capitalismo, en la que el ser humano se convierte en una fuerza depredadora de alcance global y geológico, lo cual suma a la proverbial explotación de hombres y mujeres variables tan riesgosas como el incremento del efecto invernadero, la disminución de la biodiversidad, la alteración del ciclo de las aguas, y una imparable explosión demográfica que amenaza con agotar vertiginosamente las reservas planetarias. A este respecto, la inversión antedatada de algunos magnates norteamericanos para tripular futuros charters aeroespaciales destinados a conquistar nuevas colonias en la galaxia da cuenta de que al nuevo poder mundial no le inquieta poner en peligro a la especie devastando el único planeta-hogar con que contamos (ver: http://www.abc.es/ciencia/abci-stephen-hawking-debemos-abandonar-tierra-cien-anos-201705041135_noticia.html)

. El modelo extractivista – agroindustrial – biotecnológico y su vigencia durante los gobiernos posneoliberales


“Los progresismos en sus prácticas reales, y no en los discursos publicitarios, cayeron en la trampa del desarrollismo que sobreexplota la naturaleza y los territorios, y en creer que el bienestar era más consumo. Para mantenerse en el poder han atacado a la izquierda, llamándola por ejemplo izquierda descafeinada o han hostigado o intentado cooptar a las organizaciones de base, reduciendo sus autonomías. Entonces, el progresismo impide renovaciones por izquierda, y eso hace que ya no sean seductores. El libre pensamiento y la crítica, tan necesaria para renovarse, es atacada como traición”.

Eduardo Gudynas

Analista en temas de ambiente y desarrollo.

Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES)


Si bien la historia latinoamericana está marcada por el extractivismo como destino impuesto desde la conquista y colonización y eso nos han hecho países pobres y atrasados sosteniendo el desarrollo ajeno, hoy hay un retorno, con nuevos perfiles, de esa forma de desangrar nuestros territorios y poblaciones. Este nuevo auge extractivista en nuestro continente es consecuencia de la crisis de legitimidad del neoliberalismo, que se extendió durante los primeros años del nuevo milenio, así como de las búsquedas de caminos posibles para superarla. Pese a que es posible diferenciar las distintas salidas de la crisis en América Latina, según se trató de gobiernos neoliberales, progresistas o de izquierda, en todos los casos el supuesto camino para resolverla fue una ofensiva extractivista. La propia historia ha demostrado que la depredación, el fraude y la violencia en la que se basa la acumulación de capital son intrínsecos al sistema capitalista y que han sido persistentes más allá de su etapa originaria; sin embargo, esa acumulación por desposesión y despojo ha adquirido una escala superior en la actualidad debido al aumento de las necesidades de bienes comunes por parte de los países desarrollados – que los han agotado en sus propios territorios -, a las presiones que ejercen sobre los países que todavía los poseen y a las innovaciones científico-tecnológicas, que han dado lugar a nuevos mecanismos que desembocan en la mercantilización y privatización de la naturaleza, de toda forma de vida, de nuestra creatividad intelectual, de nuestras culturas, de nuestras historias.


Si analizamos el caso de América del Sur, y en particular de Brasil y Argentina, muchos autores coinciden en caracterizar el extractivismo en esos países como “neoextractivismo progresista” o “neodesarrollismo”, el cual posee algunas características que lo diferencian del extractivismo del neoliberalismo de guerra. Se trata de un modelo con una mayor intervención y regulación económica por parte del estado, lo que le permite apropiarse de una parte de la renta generada por las actividades extractivas que se destina a planes y políticas sociales de mayor extensión social.


Ese verdadero Consenso de las Commodities nos ha llevado a que actualmente en nuestro país debamos lidiar con alrededor de 18.000.000 de asistencializados mediante la venta de soja: Así se legitima el extractivismo y se pretenden silenciar las rebeldías que provoca. Si bien éstas son características novedosas del extractivismo, en ningún caso implican la ruptura con el sistema capitalista. En este sentido, la ex presidenta Cristina Fernández ha sido clara. En un foro empresarial que antecedió a la reunión del G20 que se realizó en Cannes, Francia, el 3 y 4 de noviembre de 2011, expresó: “Lo que estoy proponiendo (…) es volver al capitalismo en serio, porque esto que estamos viviendo, señores, no es capitalismo. Esto es un anarco-capitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie”. Consecuente con dicho pensamiento, el kirchnerismo nos “desendeudó” incrementando la deuda interna.


Algunas de las innovaciones del neoextractivismo en la Argentina que han quedado de manifiesto durante los últimos años son las nuevas formas de explotación de hidrocarburos (como el fracking o fractura hidráulica); los avances en los agronegocios, incluyendo la actuación de la justicia ordinaria frente a las consecuencias sociales y ambientales de las fumigaciones con agrotóxicos y las estrategias implementadas para continuar con los intentos de imponer la megaminería a cielo abierto en diversas latitudes del país. Algunos exponentes notorios del pool de empresas que sostiene este modelo son los grupos Barrick Gold, Monsanto, Nidera, Syngenta, y Cargill.


. Regionalización del modelo productivo. El caso Grobocopatel


“La vieja oligarquía pastoril desapareció en medio de la mayor transferencia histórica de tierras desde la campaña al desierto, para dar lugar en su mismo nicho histórico a una nueva clase empresarial y plutocrática, no ya patricia como la Sociedad Rural Argentina, sino de recientes orígenes inmigratorios“.

Jorge Rulli

Grupo de Reflexión Rural


Siguiendo el rastro de este ecléctico grupo económico pueden comprobarse tanto la originalidad como el alcance global que viene adquiriendo la nueva oligarquía argentina:

La familia Grobocopatel, de origen ruso-judío, se radicó en la Argentina en 1912 cuando Abraham Grobocopatel y su hijo Bernardo, llegaron provenientes de Besarabia, al suroeste del Imperio ruso. Ambos fueron parte de los contingentes organizados por la Jewish Colonization Association, fundada por el barón Maurice Hirsch, con el fin de brindar una alternativa de progreso a los judíos pobres y segregados de Europa Oriental, instalando colonias agrícolas en las pampas argentinas. Esos contingentes y sus descendientes fueron luego conocidos como “los gauchos judíos”. En el caso de los Grobocopatel, se instalaron en la colonia judía de Carlos Casares, llamada Colonia Mauricio, donde aún viven sus descendientes y tiene su sede el grupo.

Poco después, en 1989, Los Grobo Agropecuaria comenzó a utilizar el método de siembra directa y el uso de semillas transgénicas, innovando radicalmente en el manejo del sector agrícola argentino. En los años 1990 y 2000 la empresa fue una de las protagonistas del salto del rendimiento agropecuario que llevó la producción de granos de 30 millones a 60 millones de toneladas.

En el año 2000, los cuatro hijos de Adolfo, con su apoyo, decidieron organizarse como socios y crear el Grupo Los Grobo, con el fin de abarcar toda la cadena agroindustrial alimentaria, convirtiéndose en el curso de los años 2000 en uno de los principales grupos económicos de la Argentina.

Unos días antes de que cambiara su suerte, con la liberación de Ingrid Betancourt, Alvaro Uribe convocó a Gustavo Grobocopatel, recorrieron juntos los Llanos Orientales y le pidió que lo ayude a cultivar esa extensa e inexplorada área colombiana.


Aquella invitación coincidió con la decisión de Grobocopatel de dejar sus negocios en Venezuela – iniciados en marzo de 2007 de la mano de Julio De Vido – donde logró sembrar en las tierras de Chávez unas 5.000 hectáreas de soja, y dejó todo preparado para que a fines de 2008 se cultiven otras 20.000. Una de las últimas hazañas de este ubicuo empresario ha sido reunirse con las FARC para brindar asesoramiento en cuanto a cómo trabajar las tierras que quedarán a cargo de la insurgencia desmilitarizada, tras el proceso de paz en curso.


3 – No hay destino para la humanidad en el marco del capitalismo


. El agotamiento del ecosistema y el fraude del “capitalismo verde”


Obviamente, un sistema depredador y falsario no puede carecer de coartadas para seguir exprimiendo los recursos naturales y evitar que se lo desenmascare. El concepto de “capitalismo verde”, abrazado por distintos sectores de la derecha internacional procede de la ortodoxia económica liberal de corte neoclásico. Su principal representante es Frances Cairncross (1995), quien defiende la iniciativa privada como vehículo de actuación purificadora a nivel global y como tabla de salvación colectiva para la preservación de la naturaleza. Según su credo, la legislación medioambiental modifica y perturba la tarea del mercado provocando una pérdida de eficacia en la organización y gestión de los recursos escasos. La legislación sólo debe obligar a prevenir o limpiar la contaminación cuando el costo de hacerlo iguale los beneficios obtenidos, de lo contrario origina deuda y por lo tanto quiebra.


Resumiendo, la competencia internacional favorecería a los países que no tengan implantadas normas medioambientales, al tener costos más reducidos.


. Biopolítica y nuevo poder mundial


“Con los datos de movilidad de Google se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene”.

Martin Hilbert

Experto en redes sociales y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.


Según Michel Foucault, el desarrollo del biopoder y sus técnicas constituye una verdadera revolución en la historia de nuestra especie. Y eso ocurre porque la vida está completamente invadida y gestionada por el poder, lo que fue fundamental para la expansión del capitalismo al crear los dispositivos para la inserción “controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos” que generó una expansión inaudita de la acumulación de capital.

En tal sentido, la biopolítica, tiene como objeto a poblaciones humanas, conjuntos de seres vivos regidos por procesos y leyes biológicas. Esta entidad biológica posee tasas mensurables de natalidad, mortalidad, morbilidad, movilidad en los territorios, que pueden utilizarse para controlarla según se determine (ver: http://www.lahaine.org/mundo.php/big-data-la-dictadura-de) Desde la perspectiva descripta, el poder se materializa y torna menos jurídico, ya que ahora y de este modo debe tratar respectivamente con el cuerpo y la vida, el individuo y la especie. El punto de articulación entre ambas técnicas radica en el control de la sexualidad como mecanismo de producción disciplinal del cuerpo y la regulación de poblaciones.

El poder y el dominio del Norte frente al Sur, de los desarrollados frente a los subdesarrollados, se apoya en gran medida en su potencial científico y tecnológico. Esto se agrava porque buena parte del desarrollo científico-técnico es funcional a las necesidades de la producción y el consumo de los países desarrollados y no se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas básicas de los pueblos del planeta. Sin ir más lejos, las patentes del ADN crean monopolios en los organismos vivos. Patentar formas de vida no es ético porque: Promueve la biopiratería, transforma las formas de vida en acciones de Wall Street, obstaculiza la libre investigación científica, destruye el sostén económico de las naciones en vías de desarrollo, condiciona la evolución acorde a los caprichos de los bancos y las corporaciones.

Recapitulando, la biopolítica permite a determinado régimen intervenir sobre poblaciones enteras pasando por sobre la soberanía de los Estados – Nación. De manera que, mientras el Banco Mundial sostiene estar luchando para resolver los problemas del hambre, de la pobreza y de la exclusión social, simultáneamente se ocupa de financiar corporaciones trasnacionales, presiona para la privatización del agua, del aire, de los territorios, de la cultura, en fin, del genoma humano (ver: http://www.infobae.com/salud/2017/05/03/avance-de-la-ciencia-nacera-en-cordoba-el-primer-bebe-con-genes-perfectos/)



Los pueblos no se suicidan


“Antes, desde el marxismo y el trotskismo, luchábamos por una sociedad igualitaria. Pero ahora he cambiado. Ya no creo que sea la clase obrera la única sepulturera del capitalismo, tal como decía Marx. Ahora está en juego la salvación de la especie humana. Porque si no derrotamos al sistema capitalista, nos van a matar a todos, incluidos los capitalistas”.

Hugo Blanco

Líder campesino peruano


Evidentemente, con el triunfo del Brexit, de Donald Trump, y la expansión del chauvinismo europeo, el sistema mundo parece marchar hacia un desorden global. Se trata de una nueva forma de dominio que no tiene reparos en destruir a los Estados en lugar de someterlos o corromperlos, como hicieron siempre las potencias coloniales. Responden a un nuevo fenómeno que el filósofo francés Alain Badiou describe con el término zonificación, que consiste en crear zonas infraestatales que son, en realidad, zonas de saqueo sin Estado en las que las industrias extractivas imponen su ley. En cualquier caso, también es cierto que las clases trabajadoras de EEUU y Europa vienen poniendo límites a la globalización.


Lo expuesto hasta aquí permite concluir que el imperativo de elaborar un Proyecto Nacional que nos permita repoblar la Patria para evitar su balcanización exigirá como nunca articular la lucha por la justicia social con la urgente defensa del ecosistema, fomentando una militancia de carácter socio-ambiental que integre nuestras luchas urbanas y las rurales, hoy parcialmente divorciadas.

Pero a pesar de lo complejo y amenazante del escenario descripto, tal como ocurriera en Méjico ante el “gasolinazo” o en Argentina con un creciente grado de conflictividad social que bien puede comprometer los cálculos electorales de la ceocracia en el gobierno, nuestros pueblos vienen ofreciendo sobrados ejemplos de su voluntad de RESISTIR Y LUCHAR, lo que – aún en tiempos tan difíciles – nos recuerda que en el mundo periférico ya muchas veces David prevaleció ante Goliat.-


http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/17/analisis-el-riesgo-de-disputar-migajas-en-el-medio-del-apocalipsis/


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