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Los rebeldes sirios antes y después de Alepo


Conversación con Aron Lund, escritor sueco especializado en temas de Oriente Próximo

Status Audio Journal/Jadaliyya.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Bassam Haddad (BH): Buenas tardes a todos, tenemos aquí a Aron Lund, compañero de la Fundación Century y un periodista muy respetado que centra su labor en las cuestiones relativas a Siria. Alguien cuyos trabajos siguen expertos, periodistas y ciudadanos de a pie por igual. Estamos muy contentos y nos sentimos muy afortunados de tenerle hoy aquí con nosotros. Hola, Aron.

Aron Lund (AL): Hola, gracias por tus palabras.

BH: ¿Cómo estás?

AL: Muy bien, ¿cómo estás tú?

BH: Bien, bien. Repito que estoy muy contento de que te hayas unido a Status (al Wadha) para tu primera entrevista aquí, que espero pueda ampliarse a varias más en el futuro. Nos gustaría hablar un poco contigo de manera informal sobre Siria. En concreto, sobre la situación posterior a diciembre, después de que el régimen retomara la totalidad de la ciudad de Alepo, y sobre las secuelas de este hecho respecto a los desarrollos dentro de los grupos y movimientos rebeldes; si has observado que se esté dando alguna pauta o patrón; y, para terminar, hacia dónde crees que camina ahora el país.

AL: OK, gran pregunta. Bien, creo que lo que ha sucedido después de que Asad y el gobierno retomaran el este de Alepo es que ese hecho se ha convertido en algo simbólico o emblemático no de que el gobierno vaya ganando y la oposición perdiendo, sino de un punto de inflexión en la guerra cuyas semillas ya se habían sembrado. Que el este de Alepo cayera finalmente ante el gobierno fue una especie de punto en el que todos, y por todos considero a este respecto la comunidad internacional, los Estados de Occidente, EEUU, reconocieron que los rebeldes no iban ganando. Y a partir de entonces, todo el mundo ha formulado de nuevo su enfoque ante la guerra. Creo que las tendencias, en relación con los rebeldes, estaban ya claras, llevaban bajo asedio desde la primavera de 2016, un asedio que habían intentado romper, lográndolo en algún momento, pero después se vieron de nuevo obligados a retroceder. Y creo que el verdadero punto de inflexión se produjo mucho antes; si tuviera que encontrar un momento único, sería el de la intervención rusa.

La escalada ruso-iraní de septiembre de 2015 marcó el momento en que, en mi opinión, las cosas cambiaron realmente. Y, desde entonces, hemos visto cómo actores externos cooptaban de una forma u otra a la oposición siria, a lo que quedaba de insurgencia; Jordania y otros gobiernos aceptaron la desescalada en el sur y reenfocaron su atención hacia el Estado Islámico y otros grupos yihadistas a expensas de la guerra contra Asad. En el norte, ha pasado más o menos lo mismo con Turquía cuando se introdujo en la zona noroeste de Alepo, en Anfab y Yarablus y otros lugares en agosto de 2016, y sobre todo cuando Turquía se reconcilió con Rusia en el verano de 2016 como consecuencia de las sanciones [de Occidente], ahí fue cuando Turquía se dio cuenta de que el viento de la guerra no iba a su favor. Y que el PKK, a través de varias organizaciones en el frente, iba avanzando en Siria, por eso estamos ahora también viendo que Turquía se está centrando mucho más en sus intereses a expensas de la guerra contra Asad. Todavía es su enemigo, todavía quieren que se vaya, pero no se están esforzando en ello de la misma forma que antes. Se están dedicando a asegurar su propia frontera contra los grupos kurdos, a los que tratan de debilitar.

Y en cuanto a lo que realmente queda de insurgencia, de la insurgencia independiente que todavía lucha por derrocar a Asad, tenemos por una parte algunas bolsas de territorio en Gutha, al este de Damasco, y unos cuantas ciudades al norte de Homs, (¿Rostam, Talbis?), y unos pocos enclaves más dentro del territorio del régimen, en el noroeste, básicamente en el interior, y algunas áreas adyacentes, como en la zona rural al oeste de Alepo y en el norte de Hama, y también un pequeño trocito de territorio al noreste de Lataquia. Y la parte de la insurgencia que todavía cuenta con apoyos del extranjero, de Turquía y de Qatar, e incluso de EEUU en alguna medida, que podría amenazar de algún modo al gobierno sirio, creo que han ido demasiado lejos por la vía islamista. Como el grupo ahora llamado Hayat Tahrir al-Sham, antes Shaat al-Sham, y antes Frente Nusra, entonces afiliado a al Qaida, realmente son la facción más poderosa ahora en esa zona de Siria. Y la segunda facción más poderosa, que es el único grupo que puede realmente equilibrar las cosas de algún modo, contando con el apoyo internacional adecuado, es Ahrar al-Sham, que es también un grupo fundamentalista muy estricto que lucha por la teocracia y en contra de la democracia, y EEUU y los demás no quieren que ese grupo gane; quizá Turquía y Qatar y otros gobiernos, y desde luego la financiación privada exterior, del Golfo, etc., podrían aún apoyar esa insurgencia sólo para fastidiar a Asad, a Irán, a Rusia e impedir que esa zona caiga.

En el caso de Turquía, porque no quieren que los refugiados sigan allí, pero la idea de que alguien pueda apoyar seriamente esa parte de la insurgencia como aspirante al poder en Siria no es real, creo que eso no está sucediendo. Es más probable que Idlib se convierta en una especie de corazón de Siria, como dice alguna parte de la oposición, en una zona que en algún momento se verá de la misma forma en que Occidente considera ahora Raqqa. Una especie de tierra yerma yihadista en la que no apoyamos a nadie y tan sólo queremos deshacernos de ese territorio, y eso es una tragedia, por supuesto, por la cantidad de civiles que hay en esa zona, pero la ineficacia política de la oposición ha hecho que no haya ninguna zona que la oposición siria pueda realmente utilizar como plataforma de una victoria militar o de una solución política que incorpore ese entorno de alguna manera. Por lo tanto, de algún modo creo que la oposición siria, cualquiera que sea la definición que le demos, ha perdido ya la guerra, y pueden redefinir la guerra como si estuvieran luchando para seguir dentro del juego, pero ya no se trata de la misma lucha que en 2012, 2013, 2014, etc., eso es lo que pienso.

BH: ¿Crees que estamos presenciando, como algunos han dicho, el fin de la opción militar? No el fin del uso de la fuerza para luchar contra el régimen y sus aliados, sino el fin de la opción militar en lo que respecta a casi todas las facciones de la oposición, ya sean civiles o militares. ¿Estamos yendo hacia esa coyuntura, o estamos ya en ella, al menos en parte, o, bajo tu punto de vista, en base a tu trabajo, observaciones e investigaciones, es algo que tiene más que ver con una cuestión de reagrupamiento y después todo el mundo va a subirse al carro de nuevo, teniendo en cuenta las diversas fisuras y luchas internas que estamos viendo?

AL: Bien, en primer lugar uno no debería decir nunca jamás, bien sabes que esta guerra continúa sorprendiéndome, a mí y creo que a todos. Cada año se produce un gran revés, ya sea por la intervención rusa o por el ascenso del Estado Islámico u otra razón. Por tanto, podría suceder que el juego cambiara de nuevo y creo que hay algunos grupos de rebeldes que siguen aún luchando porque conservan algún tipo de esperanza de que Asad se caiga muerto un día de repente o algo así. Creo que si eso no ha sucedido y prosigue la trayectoria actual, entonces lo que le queda a los grupos de la oposición, o a la oposición armada, algunos grupos de rebeldes ya están hablando de ello, es pasar a la clandestinidad y organizar una insurgencia que no esté territorialmente centrada ni trate de mantener un territorio; ya sabes, actuar mediante coches bomba, asesinatos y emboscadas y organizarse únicamente a nivel clandestino, y eso podría formar parte de la realidad siria durante muchos, muchos años.

Pero una insurgencia de ese tipo, en la situación actual, será una insurgencia yihadista, como la que vimos en Iraq. El único grupo de ese estilo es el Estado Islámico, Tahrir al Sham, al-Qaida, o como quieras llamarlo. Quiero decir que, de cara a los apoyos internacionales, no veo ninguna oposición digamos respetable bajo esas circunstancias. Pero eso no significa que la lucha haya acabado, sólo que la mayoría de los gobiernos involucrados en la guerra siria no van a apoyar una estrategia militar para el cambio de régimen como hasta ahora. Y eso significa que la lucha está acabada, porque esos gobiernos se están centrando en sus propios intereses, tratando de asegurarlos por diversos medios. Y eso es lo que estamos viendo en el caso de Turquía, en el caso de Jordania y también respecto a EEUU.

EEUU ha incrementado muchísimo desde el pasado otoño sus operaciones de contraterrorismo, ataques con drones, ataques con misiles, etc., en el noroeste de Siria, en Idlib, y eso coincide con lo que algunos están diciendo de que EEUU decidió: “Oh, esos grupos yihadistas son una amenaza mayor de lo que me pensaba”. Quizá la verdadera razón es que decidieron que esta insurgencia no va a ninguna parte, por tanto, no hay razón para seguir apoyándola. Es más una estrategia centrada a nivel nacional y de intereses. Que la oposición siria se acabe ahí, no lo sé.

En una “guerra civil normal” quizá pueda haber grupos rebeldes que hagan la transición hacia un papel político, tomando parte en todo el proceso político, pero el problema aquí es que no hay proceso político. El gobierno de Asad no está ofreciendo nada. Pretenden estar llevando a cabo reconciliaciones a nivel local, lo que ellos llaman reconciliaciones, y disponen de varios mecanismos formales e informales para devolverlos al sistema, pero eso es realmente nada porque no hay intención alguna de compartir el poder, no hay un debate abierto, no hay nada, no hay otra parte en el conflicto a la que llegar, y ese es el problema. Y así es como el régimen funciona en muchos sentidos, es tan cerrado y tan estrecho de mente, que sencillamente es incapaz de cambiar incluso en un sentido que pueda beneficiarle. Es lo que pienso.

BH: Gracias. ¿Puedes decirnos un par de cosas? En realidad, me gustaría seguir con la idea de si esta última coyuntura, que ya está a unos cuatro meses de distancia de nosotros, aunque parece como si las cosas se hubieran quedado congeladas a algún nivel; tras los sucesos de Alepo, ¿representa esta coyuntura una ruptura entre las facciones rebeldes, o al menos entre la mayoría de ellas y lo que se denomina oposición civil? Y no estoy refiriéndome a la oposición en el interior de Siria, un gran número de personas y grupos que no están necesariamente representados a nivel formal, sino a la oposición que se encuentra en su mayoría fuera de Siria o conectada con el patronazgo de varios países, ya sea Qatar, Arabia Saudí, EEUU o cualquier otro.

AL: ¿Cómo la Coalición Nacional?

BH: Sí, como la Coalición Nacional y otros grupos, pero principalmente ese. ¿Representa esta coyuntura algún tipo de ruptura? ¿Tienes alguna idea de cómo ven todo esto los grupos internos que pudieran haber puesto sus esperanzas en las facciones rebeldes aunque no les apoyaran ideológicamente? Porque ahí hay todo un batiburrillo. Algunos pretenden siempre hablar por todos los sirios, a veces por una mayoría de sirios, y somos todos un poco culpables de esto, pero hay algo que debe decirse sobre el tipo de apoyo que la gente da en Siria a las diferentes partes, que no es un apoyo incondicional ni un apoyo absoluto. Ya sabes que el régimen es espantosamente problemático, pero la gente que vive bajo el régimen siente, o ciertos grupos y comunidades sienten que al menos están más protegidos que si hubieran estado viviendo bajo otros grupos o facciones. Y entonces la gente de la otra parte acaba apoyando a grupos como al-Sham, pensando o confiando que habrá alguna victoria más adelante, pero no apoyan realmente todo lo que Ahrar al-Sham representa, y menos aún a Yabat al-Nusra o Yabat al-Sham. Así que, a pesar de este tipo de posiciones de tipo gris, ¿ha habido alguna ruptura en la conexión militar-civil que hubiera sido alguna vez una conexión sólida?

AL: Es una pregunta interesante. Pienso, como bien dices, que la gente apoya a las diferentes partes por muchas, muchas razones, y eso puede aplicarse al gobierno, a la oposición y, desde luego, al YPG [Unidades de Protección Popular kurdas] y al Estado Islámico, a todas las partes. Pero pienso que la importancia de la Coalición Nacional y del Alto Comité Negociador, y todos esos órganos en el exilio, no estriba en que tuvieran realmente el apoyo popular. Me refiero a que su verdadera importancia se derivó del hecho de que los gobiernos extranjeros que estaban implicados en la guerra y apoyaban a ciertas facciones rebeldes dijeran a esas facciones que tenían que estar representadas en el extranjero por tal Coalición Nacional o tales grupos, y que deberían ponerles en Ginebra para negociar y que ellos utilizarían a esos grupos como sus negociadores, ya sabes, queremos que estos sirios estén en el gobierno de unidad, o en el órgano de transición, en lo que ellos considerasen. Para que Tahrir al-Sham no tome el control. Pero yo creo que el problema es que aunque los miembros y líderes de la Coalición Nacional, otros grupos de la oposición en el exilio conectados con ellos y muchos de los que utilizaban la bandera o los símbolos del Ejército Libre Sirio, aunque todos ellos apoyen aún los mismos valores, las mismas soluciones y echen mano de la misma retórica, no tienen ninguna oportunidad de llegar a ninguna parte sin el apoyo exterior, porque eran muy, muy dependientes de ese apoyo. Del apoyo de EEUU, Francia, Gran Bretaña y también de Turquía, Qatar y Arabia Saudí, aunque esos países apoyaban también a otros grupos, a más grupos islamistas. Quiero decir que si para esos gobiernos ya nos les resultan de utilidad, y creo que ya no lo son, les darán finalmente de lado o dejarán que desaparezcan. Por eso no estoy seguro de que se tratara de una ruptura, sino de que si esos grupos no tienen ya un papel que jugar nadie va a apoyarles finalmente. Y creo que el punto de inflexión, que en mi opinión se produjo anteriormente y que de alguna manera quedó simbolizado en la caída del este de Alepo ante el gobierno, es que ha quedado claro para todos los implicados que no van a poder derrotar a Asad militarmente y que tampoco va a producirse una situación en la que se le pueda presionar de forma tan firme que tenga que aceptar una solución política que implique a estos grupos. A partir de ese momento, ya no hay una transición en Siria, y sin una transición esos grupos no tienen raison d’être, ni hay por qué apoyarles. Y eso está de alguna forma desconectado de cuánto apoyo popular tienen o de si han sabido, o no, convencer a los grupos rebeldes para que les apoyen. Creo que todo está realmente en función de eso. Si es que eso tiene algún sentido.

BH: Sí, gracias. Antes de cambiar a un tema supongo que más analítico, me gustaría preguntarte si podrías compartir con nosotros, aunque sea brevemente, desde donde estás en Europa, en buen lugar geográficamente hablando para poder apreciar ese tipo de dimensiones, en qué han cambiado los actores que apoyan al régimen o a la oposición, ya se trate de los Estados del Golfo Arábigo, de EEUU, Irán, Hizbollah, Rusia, China y otros. Estamos hablando a 1 de mayo, a varios meses de diciembre, y quizá estamos poniendo demasiado énfasis en los sucesos de diciembre y Alepo, que son simplemente un hito más.

AL: Bien, todo esto lleva sucediendo muchos años. Por ejemplo, creo que EEUU, que la posición de la administración Obama evolucionó mucho en 2012 e incluso 2013 y 2014. EEUU entró en el conflicto pensando que de alguna manera Asad iba a caer solo, o tal vez que podrían empujarle un poco para que cayera y después sucedería algo y se produciría mágicamente la transición, pero se fueron dando cuenta gradualmente de que las cosas no eran así. Obama no quería implicarse demasiado, pero también quería moldear la oposición, por tanto la posición de EEUU ha cambiado mucho con el paso del tiempo, en mi opinión. Pero también ha cambiado la posición de los aliados de EEUU, siendo Turquía el ejemplo más claro. Fue en 2016 cuando realmente cambiaron de política y creo que fue uno de los mayores puntos de inflexión en la guerra.

Quiero también decir que el gobierno saudí, por ejemplo, sigue odiando a Bashar al-Asad y quieren que se vaya, pero están demasiado ocupados con la cuestión de Yemen, con otros asuntos y pienso en general, como he dicho antes, que la oposición ha evolucionado intentando buscar sus propios intereses en Siria después de comprender que no iban a conseguir lo que se habían propuesto. Y eso puede adoptar formas diferentes, y no están dispuestos a hablar públicamente de ello porque no tiene sentido ofrecer concesiones gratuitas a Asad y Putin diciendo que Asad puede quedarse. Pero es lo que ha hecho, hasta cierto punto, la administración Trump. Ahora, han dicho básicamente, aunque todavía pensamos que Asad debería irse, tenemos otras prioridades. Por parte del gobierno, me parece que los intereses y las políticas han sido bastante consistentes todo el tiempo.

El gobierno iraní quiere realmente que el gobierno de Asad, el régimen, la familia Asad, etc., se queden porque constituyen una parte inmensa de su infraestructura regional de seguridad, a causa de Hizbollah y el Líbano. Ha sido interesante observar cómo los gobiernos occidentales, EEUU en particular, querían que Rusia trabajara a favor de una transición en Siria, querían que Rusia se ocupara de esto y que Asad se marchara; quizá que le presionaran o le convencieran o auspiciaran un golpe desde dentro o algo así. Pero los rusos, ya sabes, han dicho formalmente que se han comprometido con el régimen, que no quieren un cambio de régimen, que quieren una solución ordenada, pero en la práctica han estado trabajando para salvar al régimen, al igual que los iraníes, porque están también ahí en una encerrona, los rusos no son magos. Pueden inclinar la guerra en beneficio de Asad, pero no creo que el gobierno ruso pueda entrar en el funcionamiento interno del gobierno sirio y hacer una especie de cirugía para sacar a Asad, su familia y sus compinches del poder sin destruirlos y sin provocar a Irán, y ellos necesitan a Irán y necesitan que Asad gane la guerra y ese es su objetivo. Están tratando de ganar la guerra y eso significa apoyar a Asad. Digan lo que digan en público. Y, hasta ahora, han estado haciéndolo bastante bien; quiero decir que van ganando la guerra en la medida en que la guerra puede ganarse.

Cómo evolucione su estrategia va a depender en gran parte de que el régimen se mantenga unido a ellos y sea funcional y de cuánto territorio puedan disponer que les apoye. Es decir, que no necesariamente tienen interés en retomar cada centímetro de Siria. Putin ha demostrado de forma muy clara que se siente cómodo teniendo estos conflictos congelados, con guerras medio acabadas, ya sea en Georgia o incluso en muchos lugares alrededor de las propias fronteras rusas. Y estoy seguro que se siente bien con esa situación en Siria. Puede que Asad quiera contar con su apoyo hasta que vuelva a capturar cada pizca del territorio sirio, pero no es eso en lo que Putin está interesado, en mi opinión. Y no estamos ni siquiera cercanos a ese punto, todavía tienen que asegurar a Asad, deshacerse de las últimas zonas rebeldes en los alrededores de Damasco y Homs, y abordar la situación en la región de Idlib, presionando con mayor dureza a los patrocinadores extranjeros de la oposición hasta que estos se retiren de la guerra, y quizá entonces pueda Rusia empezar a reconsiderar sus prioridades en Siria. Pero, hasta ahora, están con Asad, pegados a él, hasta que hayan cruzado ese umbral que hemos referido. No estoy al tanto de las deliberaciones internas en el Kremlin o en Washington DC, pero esta es mi lectura de la situación.

BH: Gracias, es verdad, es muy difícil descifrar la situación, especialmente porque parece que las cosas podrían cambiar más que en los últimos seis años, o casi seis años si hablamos desde el pasado diciembre. Las cosas pueden realmente tomar un giro diferente con lo que EEUU está haciendo. Además de intentar adivinar el futuro, me gustaría que regresáramos un poco más al pasado y hacerte las preguntas que a los estudiantes de Siria les gustaría plantear. Hay algo sobre lo que podríamos reflexionar ahora y sentirnos un poco más “libres” para pensar, teniendo en cuenta que la matanza no se ha detenido, que la lucha no se ha detenido, que la crisis continúa y que los refugiados siguen aumentando. Por alguna razón, los medios están dando la impresión de que las cosas están paradas en Siria, o que se han desacelerado de forma significativa, como si sólo las grandes noticias fueran dignas de contarse. Te he estado siguiendo durante años cuando escribías sobre los diversos grupos rebeldes y de cómo se unían o se separaban, formaban coaliciones y después se desintegraban o disolvían; y la pregunta que deseo hacerte es, ¿cómo explicas este tipo de uniones y separaciones en esas formaciones durante años? ¿Hay algunos factores especiales que hayas apreciado que puedan explicar esas pautas, o está más en función de lo que ocurre en el campo de batalla en cuanto a la suerte de esos grupos para poder seguir adelante o no? Y desde luego algunos dicen que tiene que ver con la economía y la financiación tanto como con el mensaje y la ideología. Por tanto, ¿hay alguna forma de mirar hacia atrás para que podamos empezar a considerar los factores que explican algunas de estas pautas?

AL: Esa es una pregunta realmente interesante, algo en lo que he pensado mucho sin llegar necesariamente a la respuesta, pero creo que la guerra siria ha demostrado que puedes sacar algunas lecciones importantes acerca de las insurgencias en las que hay muchas facciones o de las guerras multilaterales y las guerras con facciones divididas, porque Siria ha sido un ejemplo extremo de todo esto. Porque en 2013, en el punto álgido de la guerra, según la Agencia de Inteligencia de la Defensa [EEUU], había entre 1.200 y 1.500 facciones armadas en Siria. Pienso que se referían sólo al lado de la oposición, y desde luego que muchos de esos grupos eran pequeños y estaban muy localizados, ya sabes, alguien y sus primos en una aldea, y muchos de ellos cooperaban bajo algún paraguas más amplio pero, en cualquier caso, eran entidades distintas. Y esa es una cifra inmensa de grupos. Y en un entorno de ese tipo, la mayor parte de esos grupos no tuvieron suerte, fueron destruidos o desaparecieron o, de forma más habitual, fueron absorbidos por otro grupo más grande. Y ahí hay que ver qué grupos más grandes tuvieron éxito, y ahí puedes ver cómo está Siria ahora.

Tienes las zonas del gobierno, tienes al Estado Islámico y tienes las zonas kurdas, controladas por grupos con nombres diferentes, YPG, Tev-Dem, PYD, etc., pero que realmente son el PKK. Y después tienes las zonas de la oposición con una mezcla de grupos diferentes, algunos más grandes que otros. Diría que a los que les ha ido mejor son Tahrir al-Sham, antes Frente Nusra, básicamente al-Qaida, ahora dicen que no tienen nada que ver con al-Qaida, pero salieron de al-Qaida. Y después Ahrar al-Sham, es una especie de grupo nacional, con raíces aún en el yihadismo salafista pero con formas diversas. Más pragmáticos, diría yo. Y después tienes un grupo al que he estado siguiendo mucho en el este de la región de Ghuta, que es un espacio de batalla contenida porque está bajo asedio, por tanto tienes allí todo un microcosmos de grupos; es muy interesante ver cómo se relacionan unos con otros cuando se quedan aislados de la insurgencia más amplia. Y el grupo más grande allí es el Ejército del Islam, Yaish al-Islam, con Zahar al-Rush, que es también un grupo salafista. Y creo que lo que estos grupos tienen en común, todos ellos, es la ideología, aunque tengan aspectos diferentes. No la misma ideología, pero sí una motivación ideológica parecida. La mayoría tienen una especie de enfoque salafista o yihadista salafista; pero en el caso de los grupos kurdos, se trata más bien de una ideología izquierdista estilo bajalan, con raíces en el marxismo, considerablemente cambiado ya, pero es una ideología que está realmente viva entre sus seguidores. Se les enseña esta doctrina, creen en ella e incluso están dispuestos a morir por ella; cuentan con suicidas-bomba y son un grupo laico, lo que es bastante inusual.

Otro aspecto a tener en cuenta es que todos estos grupos están muy centrados en determinados objetivos y, en cierta manera, son muy, muy implacables. Sobre todo con las rivalidades internas, especialmente el Estado Islámico, que mata a cualquiera que trate de oponérsele. Hubo un pequeño levantamiento tribal poco después de que se apoderaran de esa zona en 2014, y liquidaron a clanes enteros que tuvieran algo que ver con dicho levantamiento. También el Ejército del Islam en la región de Ghuta utiliza tácticas implacables contra los disidentes en esa zona y otras facciones rebeldes. Parece que en el noroeste de Siria, Tahrir al-Sham ha actuado de forma algo diferente, aunque se han deshecho de varias facciones más pequeñas y, probablemente, los más diplomáticos y decentes hayan sido Ahrar al-Sham, que han absorbido otros grupos ofreciéndoles protección, dinero y apoyo. No les han coaccionado mucho, aunque sí lo han hecho en alguna ocasión.

Diría que la mayoría de ellos tenían una jerarquía ya organizada, como en el caso del Frente Nusra y el Estado Islámico, entraron desde Iraq y tenían ya definida la estructura de grupo, llegaban con un líder, tenían una jerarquía, dinero, activistas y todo el mundo conocía la cadena de mando. Y después se escindieron, pero todavía tenían la estructura yihadista salafista. Y en caso de los grupos kurdos, lo mismo, el PKK existía ya como organización insurgente en funcionamiento en Iraq, llegaron a través de la frontera y aplicaron ese patrón a Siria. Y respecto al Ejército del Islam, Ahrar al-Sham es un poco diferente, pero todavía conservan mucho de su inspiración en los grupos yihadistas salafistas que habían combatido en Iraq y tomaron de allí el modelo organizativo. Y tenían los dos, especialmente el Ejército del Islam, una red básica en la que confiar desde el principio: el movimiento salafista de Duma, una ciudad al este de Ghuta, que era muy fuerte y unido antes de la guerra, por eso había allí toda una red de mezquitas y estudiantes y clérigos en la que podían confiar cuando empezó la guerra. Por tanto, en contraste con el resto de grupos, que se crearon básicamente de abajo a arriba, estos grupos entraron organizados de arriba abajo y actuaron de forma muy implacable.

Y creo que esta es realmente parte de la explicación y luego tienes los factores que mencionabas, la mera suerte en muchos casos pero también la financiación exterior, por ejemplo. Todos tienen fuentes financieras extranjeras que han sido muy importantes para ellos, algo que resulta obvio, pero también han conseguido la financiación porque eran organizaciones que funcionaban y tenían ya esas redes en el exterior y habían demostrado que podían hacer algo con el dinero y podían reclutar y enviar gente. Pienso que estas cosas actúan juntas, pero la guerra siria demuestra que una insurgencia con tantas facciones y tanta división no se unifica de abajo a arriba. Exige una coerción, tienes que tener un grupo que entra y fuerza realmente a la gente a coincidir porque si no se escindirán, y sabes que eso es lo que sucedió en casi todas las coaliciones. Los rebeldes han formado no sé cuantas coaliciones y consejos islámicos y esto y aquello, y todos se vienen abajo porque en algún momento alguien hace de juez y dictamina en su contra, y se marchan y forman un nuevo consejo o división y dicen que expulsen a los otros. Pero los grupos que no toleraron eso fueron grupos que sobrevivieron, el Estado Islámico no se paró en barras, mataron a todos los que no estaban de acuerdo y eso les funcionó. Me gustaría decir que así no se funciona y que esa no es forma de dirigir una insurgencia pero creo que sí lo es. Y pienso que en Siria se ha demostrado muy claramente.

BH: Gracias, Aron. Estamos llegando al final y antes de dejarte marchar tengo un par de cosas que me gustaría contrastar contigo. Primero, ¿puedes hablarnos un poco, va parecerte una pregunta tonta y no puedo creer que te la esté formulando, pero teniendo en cuenta toda tu experiencia y lo estrechamente vinculado con los hechos que has estado, puedes decirnos, en base a tus observaciones de los últimos seis años de acontecimientos en Siria, qué ha sido lo más sorprendente o impactante en Siria? Es decir, hay cosas que uno espera que sucedan en similares conflictos e insurrecciones, levantamientos, revoluciones, guerras civiles, aunque no me gusta mucho el término de guerra civil en este caso, que caracteriza lo que está sucediendo en Siria, ¿qué ha sido lo que te ha obligado a volver a pensar algunas cosas o lo que ha sido literalmente impactante o sorprendente?

AL: OK, muchas cosas, desde luego. Una de las cosas que he entendido con más claridad cuanto más duraba este conflicto y cuanto más aprendía y cuanto más hablaba con la gente, es lo estúpida que puede ser la política en el sentido de que muchas de las personas que han tomado decisiones muy importantes en esta guerra, en todas las partes, sabían muy poco de sus oponentes. Ya sabes, todo el mundo se deja llevar por los prejuicios y la información sólo se filtra a través de las redes, de las fuentes que te gustan y en las que confías, y en la cantidad de rumores y teorías de la conspiración, etc., y esto se aplica desde luego a los actores sirios y también a los actores internacionales.

Empecé pensando que los grandes gobiernos disponían de los mejores aparatos analíticos y de toda la información y todos los detalles, pero al final todo se reduce a las personas que tienen que tomar las decisiones. Y una persona sola no puede recibir tanta información. Y la gente que toma las decisiones sobre estas cuestiones, sobre Siria, son habitualmente personas que también tienen que tomar decisiones sobre todo, desde Etiopía a Rusia, a Corea del Norte, y no saben gran cosa sobre Siria.

Conocen lo que les cuentan y tienen que actuar en base a esa información y en todas partes terminan adoptando decisiones de forma muy arbitraria, y ese tipo de toma de decisión tan imperfecta tiene un impacto muy grave en esta guerra infernal. Porque muchas, muchas de las partes en la guerra no han elegido abordar el problema de forma racional; si miramos hacia atrás, en una retrospectiva perfecta, es fácil ver que muchos, que casi todos los implicados podrían haber hecho cosas diferentes de las que se habrían beneficiado. Y yo no estoy en la misma situación que ellos. Yo no conozco ni el uno por cien de lo que me gustaría conocer para poder entender esto, tengo que adivinar y cometer errores todo el tiempo pero, por otra parte, no tomo decisión alguna y eso es bueno. Al menos eso ha sido una revelación para mí, por lo que tengo mucha menos confianza en la habilidad de los grandes gobiernos en este momento.

BH: Gracias, muchas gracias, Aron. Eso es realmente muy interesante y confío en que no sigamos sorprendiéndonos pero continuemos hablando. OK, antes de dejarte o de liberarte, querría saber si a través de los años, asumo que no podías hacer trabajo de campo en Siria, muchos se preguntarán cuáles han sido tus fuentes, aunque supongo que hay fuentes que no puedes revelar, pero, en general, ¿cómo has ido manteniéndote al día? Porque aquellos de nosotros que hemos leído tus artículos e informes, hemos contado con un material muy rico, ¿cómo has podido seguir todas esas complejidades de los grupos y movimientos rebeldes?

AL: Sí, es verdad, conseguí finalmente entrar en Siria el año pasado, en octubre-noviembre, pero fue la primera vez en seis años. No pude conseguir un visado antes y, por otra parte, no quería tampoco ir allí para que me secuestraran. Pero, cuando todo esto empezó en 2011, había ya escrito un libro en sueco sobre la oposición siria que se publicó creo que en septiembre de 2010. Así que, en cierto modo, ya había estado con la oposición siria y entrevistado a gente durante varios años, tanto en Siria como en Europa a los grupos exiliados, por tanto, contaba con una red y la mayor parte de esa red se ha transformado ahora en lo que es la oposición en el exilio, muchos de ellos ya no son muy importantes porque aparecieron nuevos grupos en Siria. Los rebeldes. Pero empecé entonces, por lo cual tenía bastantes conocimientos sobre la situación y los utilicé tanto como pude.

Pero realmente disponemos de una cantidad enorme de información, sólo tienes que buscarla, sobre los grupos rebeldes y todas las facciones de la oposición y también sobre los grupos y la gente en el régimen, y sobre el Estado Islámico y los kurdos, etc., sobre todos ellos. Y los diversos gobiernos están todos produciendo información a diario, tanta que no puedes llegar a leer ni una fracción de la misma. Pero si estás buscando información sobre algo, una situación, una ciudad, un grupo, un acontecimiento o cualquier otra cosa, habrá información por ahí, sólo tienes que llamar a alguien o leer las declaraciones, y leer las que hacen todas las partes. Y siempre tienes que cruzar la información porque todo el mundo te está mintiendo, por tanto tienes que averiguar quién está mintiendo acerca de qué. Por lo general, todos corren a señalar las mentiras de la otra parte. Es decir, que hay una cantidad de información inmensa, sólo que tienes que tomarte tu tiempo, sentarte y tratar de entenderla y ver qué puedes hacer con ella, y conocer bien tus límites cuando hay objetivos que no son nobles y tratar de mantenerte alejado sin decir nada sobre ese tema. E intentar no convencerte a ti mismo de que sabes más de lo que en realidad sabes, porque muchas de esas cosas resultarán incomprensibles para siempre. Pienso que debe hacerse así. Y si puedes ir a Siria, genial, vas a Siria. Si puedes ir a la región alrededor de Siria, también ayuda mucho. Y hay teléfono, y hay Skype, y hay email, y hay todo tipo de redes sociales y hay mucha gente que quiere hablar contigo sobre esas cosas y su punto de vista; hay que utilizar todas esas posibilidades y eso es lo que intento hacer.

BH: Gracias, Aron, ¿hay algo que te gustaría decir antes de que dejemos seguir con tu vida?

AL: (Risas) ¿Se supone que tengo que decir algo inteligente ahora?

Ríen ambos.

BH: No necesariamente, puede ser algo tonto.

AL: No, muchas gracias por invitarme y gracias por hacer un gran trabajo con Jadaliyya, que es una página excelente.

BH: Gracias, ha sido una conversación muy reveladora e instructiva. Confío en que podamos hacer esto más a menudo, no tiene por qué ser una conversación general sobre todo tipo de cosas. Quizá cuando se produzca algún desarrollo, te llamaremos para conocer tu punto de vista.

AL: Estupendo, gracias.

BH: Aron, muchas gracias a ti por tu tiempo. ¡Cuídate!

Al: Igualmente. Hasta pronto.

BH: Hasta pronto. 





Aron Lund es miembro de la Fundación Century. Es un escritor sueco especializado en temas de Oriente Próximo que ha analizado ampliamente la política siria. Entre 2013 y 2016, editó la página Syria in Crisis para el Carnegie Endowment for International Peace. Es miembro del Centre for Syrian Studies en la Universidad St. Andrew. Ha publicado dos libros en sueco: Siria: Drömmen om Damaskus (Stockholm, 2010) y Syrien brinner (Stockholm, 2014), y uno en inglés Divided They Stand (Brussels, 2012), y diversos informes y capítulos para libros publicados entre otros por el Carnegie Endowment, el Swedish Institute for International Affairs y el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Tiene un máster en árabe del Programa de Estudios Orientales de la Universidad de Upsala en Suecia, y ha estudiado árabe en Damasco, Argel y El Cairo.

(Entrevista transcrita por Charles Berger)


Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.




https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228454

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