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La pantomima del periodismo corporativo guatemalteco


Por Juan Pablo Muñóz

No puede caracterizarse al periodismo corporativo guatemalteco más que como tendencioso, miedoso e incapaz. Por eso es un obstáculo para el desarrollo democrático del país.

Por su origen

Tendencioso debido a su origen, porque los medios de comunicación de mayor auditorio en el país son un oligopolio que se caracteriza porque ha crecido a base de un ilegal e inmoral financiamiento a los partidos políticos que han gobernado durante los últimos 30 años, todos y cada uno de ellos vinculados al crimen organizado y a la corrupción. La finalidad es doble: obtener millonarios contratos de publicidad para el Estado cuando los políticos acceden al poder y asegurarse concesiones para ir acaparando los espacios públicos, como sucede en la radio y en la televisión abierta, para eliminar a la competencia. Si se tiene duda de esto, véanse el ejemplo de Luis Rabbé /Alba Lorenza (parientes de Ángel González) y Erick Archila Dehesa, ambos magnates de los medios de comunicación.

Estas corporaciones carecen de reparos para aceptar cualquier tipo de publicidad, aún la más atentatoria a los principios éticos de una democracia que necesita ser construida desde una perspectiva humanista, basada en el respeto de la persona humana, respetuosa de la pluralidad y de la tolerancia. En su afán de lucro, han sido capaces de sesgar la información que proveen para predisponer al público, indistintamente, a favor de gobiernos y de empresas que saquean los recursos naturales del país y en contra de las personas que los defienden. Se ha llegado al punto de dedicar editoriales y columnas de opinión al mejor postor, sobre todo en los casos de extractivismo.

Si bien es cierto que ha habido casos de notas o reportajes en donde se ha denunciado algunos desmanes de los poderosos, ello únicamente ocurre por encargo de otra persona con más poderío que pague o respalde al dueño del medio, lo que los convierte en auténticos sicarios de la pluma.

La autocensura

Es miedoso porque sobreviviendo en una maltrecha democracia, lo cierto es que el periodismo guatemalteco aprendió a vivir durante la dictadura y se comporta como tal. Ejemplo de ello es que actualmente, para los periodistas corporativos no es más importante la censura directa o indirecta que se les haga, sino la que proviene de ellos mismos: la autocensura. Esta puede entenderse como ese análisis de riesgo que hacen los reporteros, los jefes de redacción y los editores, respecto de cuáles notas publicar y cuáles no, en función de las consecuencias negativas que potencialmente podrían acarrearle a sus personas y a las ganancias de los medios para los cuales trabajan.

En este ámbito, juega traicioneramente el papel de la pretendida objetividad de la prensa y su afición por ese parapeto al que denominan “método periodístico”. Según ello, falazmente los medios se excusan de no hacer ciertas publicaciones porque supuestamente no cuentan con todas las versiones del caso o porque no pueden sustentar lo que afirman. Sin embargo, lo más verosímil es que más que no contar con información lo que sucede es que no quieren buscarla. Por ello le dedican una miseria a sus áreas de investigación y análisis, dedicándose mejor a cubrir accidentes de carros, atracos de poca monta o partidos de fútbol.

Los periodistas se someten a la autocensura porque las empresas dueñas de los medios, sus patrones por decirlo en términos laborales, son media docena y saben que de ser rebeldes en un trabajo, serán excluidos de los demás. Desde una perspectiva francamente humana, la condición de sujeción de los periodistas se comprende, pero ello no puede impedir señalar el hecho de que por temor se conforman con no desarrollar nunca todo su potencial profesional.

Sus limitaciones

Finalmente, dijimos que era incapaz y ello se ve en el trabajo simple, reiterativo y anodino que los medios de comunicación ofrecen a la sociedad, con mensajes ambiguos o abiertamente ininteligibles. Mensajes comunicativos que nada dicen, que nada explican y que quedarán archivados en la mente de las personas en el más recóndito cuarto de los datos inútiles y sin sentido para efectos de entenderse a sí mismos y a la sociedad que los rodea.

Lo que existe es un periodismo poco especializado que se comprende con los salarios de explotación que los medios les pagan a sus periodistas, orillándolos a ajustar un ingreso económico mínimamente respetable mientras más notas publiquen, a cualquier costo, sin estándares éticos y de calidad. Además, los empujan a ser reporteros, investigadores, analistas, redactores, revisores, fotógrafos, etc. con tal de ganar unos centavos más. Evidentemente, el costo lo sufre la población, que no llega a leer artículos premeditados, que tengan un por qué en su contenido y estructura.

Una forma de medir la capacidad del periodismo, es cuando se le ve enfrentado a altos funcionarios de gobierno, en conferencias de prensa u otros eventos, pues se dedican a observar pasivos el discurso que emana del poder, sin cuestionarlo, sin la menor capacidad de refutarlo con datos que formen parte de su acervo y peor aún, sin contextualizarlo.

En este sentido, es importante aclarar que el verdadero método periodístico no es el que escribe en forma consecutiva dos versiones encontradas de un determinado tema sino el que es capaz de determinar quiénes son las fuentes más idóneas para buscarlas, interrogarlas con agudeza y posteriormente demostrar con datos y razonamientos lógicos sin sus versiones son o pueden ser ciertas y las implicaciones que tienen para la vida social del país.

Un periodismo que nada explica

Con lo anteriormente dicho, no queremos confrontar a todos esos periodistas que se ganan sus salarios contratándose en las empresas mediáticas sin mejores opciones si lo que quieren es ejercer su oficio. Pero sí se busca hacer una crítica a un gremio que, en tanto gremio, es servil al poder económico y al poder político. Que busca padrinazgos y no independencia.

Al periodismo organizado pareciera que le basta con que sus miembros sobrevivan para describir balaceras en la vía pública o tatuajes en el rostro de jóvenes, y no para elevar su nivel material e intelectual. No le importa organizarse para defender la libertad de expresión cada vez que un periodista es amenazado o asesinado o cuando es criminalizada una radio comunitaria en aras de defender derechos patrimoniales espurios. No entiende por qué debe oponerse a la concentración de medios por parte de empresas político criminales, principales enemigas de la maduración de su quehacer. Se desinteresa por dignificar a los comunicadores y ni siquiera se plantea trabajar colectivamente para llevarlos a altos grados de brillo metodológico y de contenido en cuanto a lo que ofrecen.

Afortunadamente, como en todo sector, hay honrosas excepciones. Periodistas valientes que han ofrendado su propia vida y seguridad para contarle a Guatemala lo que ven y haciéndolo bien. Para ellas y ellos nuestra reconocimiento, porque estamos seguros de que si hacen bien su trabajo no actúan como gremio, sino seres humanos que se autoimponen la meta de informar y de desenmascarar a los desinformadores.

Mientras haya concentración de medios, no habrá periodismo profesional.

ÚLTIMA MODIFICACIÓN: 31 DE MAYO DE 2017 A LAS 11:36








http://kaosenlared.net/la-pantomima-del-periodismo-corporativo-guatemalteco/


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