Titulares

sábado, 24 de junio de 2017

Cuba. Miami: fragmentos de su gusanera cubano-yanqui



Ahora es una supuesta hija de Fulgencio Batista. Hace un tiempo el espectáculo giró alrededor de la familia de Orlando Zapata, y más

Es noticia por estos días que una mujer de 81 años que vive en la calle en Fort Lauderdale, en Florida (EE.UU.), afirma que es hija del dictador cubano Fulgencio Batista y que fue sacada de Cuba un día antes de la Revolución de 1959. “La mujer, que mostró al diario El Nuevo Herald su documento de identidad cubano, a nombre de Carmela Batista, nacida el 7 de julio de 1935, no tiene techo desde hace dos años y vive en un parque de la ciudad situada a 40 kilómetros de Miami junto a su hija adoptiva, Ana Batista” (1).

El trascendido da cuenta de que un asistente de Batista le avisó a Carmen un día antes de que iba a conocer la nieve y la mandaron a Nueva York con unos familiares, y nunca más regresó a Cuba; que cuando su padre murió, en 1973, heredó más de un millón de dólares y se compró una casa en el sur de Florida, donde se casó, aunque su matrimonio duró menos de un año; que en esa época trabajó como profesora de piano y secretaria médica; y que en 2015 fue desahuciada junto con su hija Ana, que tiene 28 años, de la casa donde vivían en Fort Lauderdale por no pagar las cuentas.

El cuento me pareció creíble y me indujo a pensar lo siguiente: no solo con ello estamos en presencia de desgracias que asiste a un segmento de la comunidad cubana residente en la república bananera de Miami sino además cómo se comporta la delincuencia política de ese terruño, precisamente porque allí vive uno de los connotados aliados de Trump en la cruzada de turno contra Cuba: el representante Mario Díaz-Balart (2).

Debo aclarar para mis lectores/as que se trata del propio legislador que ayudó a elaborar los cambios propuestos por el mandatario yanqui sobre Cuba el pasado 16/6 (3) para pasar la ley de salud contraria a la de Obama que “costaría el acceso a la asistencia sanitaria a decenas de miles de sus propios electores, subiría por el techo los costos de las primas a otros, y le impondría un impuesto a los residentes de mayor edad del sur de la Florida” (4).

Y con tal presupuesto, se comprende que muy poco le iba a importar a ese Díaz-Balart el sufrimiento de Carmela Batista, al margen de que otra señora de similar nombre y de apellido Zaldívar ─progenitora de Fulgencio Batista─ se desempeñó como sirvienta de dicha familia y de que su hijo devenido dictador en la Mayor de las Antillas a partir del 10/3 del año 1952 en el transcurso de su vida mantuvo estrechos vínculos con los consanguíneos del representante en cuestión (5).

No obstante, el tema que ahora abordo queda más transparente al traer a colación otro caso penoso, a saber: me refiero al “mártir” Orlando Zapata, víctima de los más descarados que dan cuerda desde Miami, fuera de peligro; de los más camajanes como Elizardo Sánchez que no hacen huelgas de hambre; y de los más pícaros como Martha Beatriz Roque y el Coco Fariñas que entran y salen ilesos de sus llamados ayunos auxiliados por nutritivos aguacates ─un buen juicio de Edmundo García (6).

Tenga usted presente que, tras la muerte de Zapata en 2010, su familia emigró al epicentro de la mencionada delincuencia política y para mediados de año siguiente se encontraba a punto de vivir en la indigencia en Miami. El hermano Rogelio lanzó el grito de alarma: “Yo no como política… yo quiero un trabajo”; al tiempo que su mamá, Reyna Luisa Tamayo, permanecía encerrada en su casa, rehusaba hablar con la prensa y/o comentar las declaraciones de su hijo Rogelio, mientras que algunos ¿exiliados? hacían “llamamientos a la comunidad para que ayude a la familia [pero sin] una respuesta concreta” (7).

(Aprovecho para resaltar que el medio que utilicé para la información anterior —alejado de simpatía por Cuba y su Revolución— también hace saber que, en los años 90, cuando llegó a Miami “la opositora cubana Paula Valiente, la primera negra conocida por criticar al Gobierno cubano en las iglesias de la isla”, después de estar “en el candelero durante unos meses” no tardó en dejar “de aparecer en la radio y la televisión locales, y comenzó a criticar a los exiliados por dejar de ayudarla. Se rumorea de que ha vuelto a Cuba, pero no se sabe cuándo”).

He aquí fragmentos de la gusanera cubano-yanqui de Miami.

Referencias:











http://kaosenlared.net/cuba-miami-fragmentos-gusanera-cubano-yanqui/


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