Cuando los intelectuales se equivocan de oficio - Antiimperialista

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martes, 27 de junio de 2017

Cuando los intelectuales se equivocan de oficio




“Pobre del cantor de nuestros días que no arriesgue su cuerda por no arriesgar su vida”. Pablo Milanés

Cuando los intelectuales se equivocan de oficio enrarecen la lectura de la realidad, enturbian la comprensión de categorías y conceptos básicos para lograr hacer lo que se supone es nuestro oficio: pensar.

El sociólogo/epistemólogo boliviano Juan José Bautista tiene claro que el pensar es un proceder categorial. Carecen de condiciones de hacer ciencia de lo social aquellos que piensan, de forma acrítica, con las categorías y conceptos de la racionalidad que se dicen confrontar. De esto Marx ya había hecho señalamientos críticos en los prólogos de El Capital.

Intentando desarrollar categorías y conceptos con qué pensarnos desde América Latina, “intelectuales de izquierda”, han intentado pensar en la Idea de América Latina, en la relación entre las ideas locales y los diseños globales, de la Universidad en América Latina e incluso en las Epistemologías del Sur. Con ello nos han mostrado horizontes de posibilidad, en tanto el lenguaje en su amplitud permite pensar lo impensado, y nos han permitido problematizar, con mayor criticidad, nuestras realidades colonizadas.

Sin embargo, y después de leer el “llamado internacional urgente a detener la escala de violencia en Venezuela. Mirar a Venezuela, más allá de la polarización”, me he puesto a pensar en la distinción entre un literato y un intelectual.

Junto a Gramsci me animo a pensar al intelectual orgánico como el sujeto de ciencia comprometido/comprometida con el que sufre, con la que padece porque él se reconoce así mismo como el que sufre y el que padece y no por pura pose. Es que él sufre y padece. En su lugar de sujeto letrado le echa mano a diversas herramientas, entre ellas la ciencia, para mostrar el giro invertido (fetichismo) que atraviesa el proyecto de la Modernidad estructurado sobre sus tres pilares constitutivos: Sexismo/ Racismo/Clasismo. De esto los “intelectuales de izquierda” son ávidos conocedores. Al menos tienen bastante escrito sobre esto.

Hace algunos años en una actividad académica en Costa Rica, mi país, tuve la oportunidad de compartir con un “intelectual de izquierda” que colapsaba, confunde a Marx y al Marxismo, quizá porque no conoce acerca del Marx que intepreta Dussel, Hinkelammert y/o Bautista. Al “intelectual de izquierda” le tuve que recordar que la interpretación del Marx del siglo XX está articulada con el proyecto político del poder y de ahí el tipo de preocupación/problema que el marxismo del siglo XX se limitó a pensar.

Quienes se hacen llamar “intelectuales de izquierda” reproducen los errores del marxismo del siglo XX, aún cuando sus posturas sólo reflejan la incapacidad de comprender lo que ellas y ellos mismos escriben cuando piensan en las relaciones coloniales aún vigentes en América Latina. Quienes se hacen llamar “intelectuales de izquierda” sólo dan cuenta de que son parte del mismo problema que dicen confrontar. Unos y otros son parte del mismo organismo. Esto es algo que entendí hace unos años gracias a Ramón Grosfoguel.

Como ejemplo el llamado a una intervención militar, llamada prosaicamente “Comité Internacional por la paz en Venezuela”. Quienes se supone saben y mejor conocen acerca del mundo le dicen a América Latina, y a los mismos venezolanos y venezolanas, que esta es la mejor vía para “detener esta escalada de violencia institucional y callejera”.

Cuando Boaventura de Sousa Santos reacciona a la crítica que desde diversos sectores de izquierda ha recibido dice: “…lo importante del documento es la búsqueda de una convergencia mínima: parar la violencia en la calle de modo a impedir la intervención militar estadounidense que está en preparación. Tal intervención tendrá consecuencias profundas para toda América Latina, comenzando por Cuba”. De Sousa Santos continúa diciendo: “Apostamos, desde la izquierda, a que otro diálogo es posible en Venezuela, más allá de la polarización y de la violencia”. Pregunto ingenuamente: ¿cómo se logra una intervención militar que impida la polarización y la violencia?

Cuando los intelectuales se confunden de oficio creen estar en condición de responderle a otros intelectuales como Gayatri Chakravorty Spivak, quien preguntaba acerca de si puede hablar el subalterno. En nuestro caso parece que los “intelectuales de izquierda” han dicho contundentemente: Sí, sí puede hablar el subalterno. Habla sólo a través de nosotros.

Los “Intelectuales de izquierda” comenten los mismos errores que en teoría confrontan en su teoría: sus respuestas ante la crisis venezolana es causa y consecuencia de las relaciones coloniales aún vigentes entre nosotros.

Como mi Dios es mejor que el tuyo, tú mereces la muerte en nombre de Dios. Como mi propuesta de Democracia no presupone golpes de Estado promovidos desde fuera y desde dentro y por lo tanto es mejor, en el momento que tu propuesta se vea asediada desde fuera y desde dentro tú mereces la muerte en nombre de la democracia. Esta parece ser la interpretación que hacen las y los intelectuales de izquierda.

Sinceramente no entiendo a estas y estos tipos.

La caracterización del gobierno venezolano como “un gobierno cada vez más deslegitimado, con marcados rasgos autoritarios; intento de consolidar un régimen totalitario, en el marco de una enorme crisis social y económica (carencia de alimentos, medicamentos, entre otros)”. Además de periodizar los acontecimientos como algo que arrancó “con el desconocimiento por parte del ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa) donde la oposición hoy cuenta con la mayoría, luego del triunfo en las elecciones de diciembre de 2015”, dejando, claro está, en evidencia que las tensiones actuales tiene, como actor principal, a “grupos más extremos de la derecha han contado, por lo menos desde el golpe de Estado del año 2002, con apoyo político y financiero del Departamento de Estado norteamericano”, sólo da cuenta de su errada lectura de lo que ocurre en Venezuela.

Quizá y estos intelectuales han viajado tanto ya que ni a América Latina reconocerían si aquí vivieran junto a nosotros.

Si Mignolo leyera la interpretación que de Marx están haciendo Dussel, Hinkelammert o Bautista tendría claro que cada ofensiva desplegada por el capital exige la destrucción de todo tipo de relación de carácter comunitario. Tendría claro que el trabajo no es la única fuente creadora de valor. Que el trabajo es el padre, y la tierra su madre. Tendría claro que el principal vínculo del tipo de relación comunitario está en la sangre, en su relación con el suelo, en sus costumbres, tradiciones, en su lengua y su lenguaje, entre otros. Sin embargo, pedirle esto a intelectuales de alcance global quizá es mucho pedir. Estos pretenden tener ideas universales. Por eso hablan en nombre de la izquierda y de los intelectuales de izquierda. Por eso incitan a intervenciones militares desde aquellos países que hoy le hacen la guerra al mundo. ¿No es que dicen estar cansados de la violencia?

En su supuesta defensa de la “organización popular, la democracia participativa, la transformación profunda de la sociedad en favor del mundo subalterno” los intelectuales de izquierda hacen un llamado a intervenir Venezuela en un momento en que, como se expresara el mismo Dussel al respecto: “criticar en esta coyuntura estratégica a Venezuela y su gobierno supone inevitablemente un apoyo a los grupos opositores. En cualquier país también, es normal y su justifica una oposición, pero no cuando está siendo orquestada, como en el caso de Venezuela en este momento, por el imperio por una campaña internacional donde oculta realmente los frutos de un proceso político (…) pero hay que tener mucho cuidado de una crítica si no se conoce en complejidad la situación porque va a hacer responsable, al que critique a ese gobierno, de la subida posible de un gobierno de derecha…”.

Al señalar “los intelectuales de izquierda” que “las salidas a tales crisis siempre son largas y complejas, pero requieren más democracia, nunca menos” se me ha ocurrido que para ello podríamos hacer lo que se supone debe hacer un intelectual: tratar de comprender el mundo que habita. Quizá así podamos saber si los “derechos humanos” y la “autodeterminación del pueblo venezolano”, por la cual abogan los intelectuales de izquierda, son en realidad la petición del propio pueblo de Venezuela.

No debe, no puede vanagloriarse ninguna actividad, tipo de relaciones, configuraciones sociales que tiendan a roer las posibilidades de los pueblos para creer en sí mismos, como lo es la corrupción. En esto Venezuela, pero no sólo ella, tiene inmensos retos, entre ellos pensar más allá que la democracia, ya que si izquierda y derecha son parte de un mismo organismo, también lo serían la corrupción y la democracia.

Lo que sí me parece oportuno es hacer eco del señalamiento del maestro Dussel: “la izquierda debe ser muy atenta a los acontecimientos históricos y no dividirse artificialmente por una cierta inclinación a una definición de democracia como los medios de comunicación están imponiendo o proponiendo”. 





Ernesto Herra Castro es académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional Costa Rica.




https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228437

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