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Acuerdos de Colaboración Económica Europa-África: ¡La vuelta al colonialismo!



Resumen Latinoamericano / Saiba Bayo, Kaos en la Red / 4 de junio de 2017

Cooperación para el desarrollo. La mala hierba que nunca muere

La Unión Europea (EU) presenta los EPA (Economic Partnership Agreements) ante la opinión pública como la continuación y la perfección de las políticas de cooperación internacional para la ayuda al desarrollo en los países africanos. Mi objetivo es demostrar lo contrario ya que los EPA siguen minuciosamente un plan secreto para reconquistar el continente africano y saquear sus recursos.

La cooperación para el desarrollo se ha convertido en el principal pilar de las Relaciones Internaciones desde las independencias de los Estados Africanos en la segunda mitad del siglo pasado. Por un lado, los “chamanes” de las teorías del desarrollo y de la lucha contra la pobreza han venido defendiendo, por doquier, que la cooperación económica a través de la transferencia de fondos bajo el abanderado de la ayuda pública para el desarrollo sería la panacea para la recuperar la ética y el nuevo equilibrio mundial. Por otro lado, bajo las presiones del fetichismo neoliberal del desarrollo, la ayuda para el desarrollo se ha impuesto como una importante fuente de ingreso para la mayoría de los Estados africanos, para cumplir unos objetivos puramente estadísticos: el desarrollo lineal. Muy cómodos en su posición de eterna victimismo, algunos líderes africanos permitieron que sus países funcionasen durante muchas décadas como un laboratorio de políticas públicas en materia de cooperación al desarrollo.

De hecho, hasta la fecha, la gran mayoría de los Estados africanos siguen sin cambiar ese rumbo. Muchos dirigentes han aplicado y aplican, sin titubeo, las recetas, los planes quinquenales y los modelos teledirigidos por expertos del Banco Mundial y del FMI que, como se ha podido demostrar, han resultado desastrosas para las economías de los nuevos Estados. Los gurú del negocio de la ayuda no se detienen ante nada e inventan cada vez nuevas fórmulas. La última mutación de la cooperación para el desarrollo lleva el sello de la Unión Europea. Por fin, en 2000, después de muchos años de gestación, la Unión Europea impulsó el Acuerdo de Colaboración Económico (EPA, en sus siglas en inglés)

Los EPA son la prueba de que la cooperación para el desarrollo se haya convertido como un negocio de la droga, por lo menos así es como nos explica la economista zambiana Dambisa Moyo en su libro “L’aide Fatale”. Para Moyo, la cooperación o ayuda al desarrollo crea por un lado una situación de dependencia en el receptor, que renuncia ante toda posibilidad de desengancharse y, por otro lado, mueve suculentos beneficios para los proveedores de la ayuda. Como en toda relación mercantil, es importante seguir manteniendo la atracción del producto y la adicción del consumidor. Por esto los proveedores de la ayuda al desarrollo recurren cada vez a mutaciones del producto: ¡la ayuda funciona, pues mata! Con la constatación del fracaso de las políticas de cooperación clásica para el desarrollo con sus desastrosas consecuencias para los derechos humanos, el medioambiente y el desequilibrio geopolítico a nivel mundial, el fetichismo capitalista europeo opera un giro radical adoptando medidas esta vez más draconianas para impulsar los EPA.

¿Qué entendemos por EPA y por qué son una amenaza para los africanos?

Siguiendo el planteamiento tradicional de cooperación al desarrollo, la EU define los acuerdos de colaboración económica (EPA) como unos acuerdos asimétricos de libre cambio entre los países de África, el Caribe y el Pacífico (los llamados países ACP) y la Unión Europea (UE). Son acuerdos que consisten en que los países signatarios permitan el acceso de manera recíproca a sus mercados mediante la supresión progresiva y total de todas las barreras aduaneras. Es decir que a largo plazo las empresas europeas pueden exportar y vender sus productos en los mercados (regionales o estatales) africanos sin previo pago de aranceles. Del mismo modo, los productos africanos (materia prima básicamente) puedan ser exentos de aranceles para entrar en el espacio europeo. La propia Unión Europea los define como acuerdos comerciales que van más allá de un simple acuerdo de libre comercio convencional ya que incluyen la cooperación y la ayuda al desarrollo de los países ACP.

La subsidiaridad y la asimetría

Desde el punto de vista del derecho mercantil, los APE son una trampa mortal que frustraría y finiquitaría para siempre las débiles esperanzas de prosperidad de los africanos. Primero porque son acuerdos que implican que cuando una parte de las partes baja o suprima temporalmente los aranceles sobre ciertos bienes o productos, las otras partes están obligadas a proceder de igual modo. Hay dos peligros en este punto. El primero es la competencia desleal puesto que las empresas europeas reciben una subvención para fomentar la productividad y la competitividad mientras que los países africanos, desde los años 80 tienen prohibido, por norma del FMI, subvencionar los sectores estratégicos de sus economías. Lo que significa que los productores europeos pueden hacer ofertas por debajo del precio obligando a los productos africanos a vender su producto con pérdidas. En segundo lugar, teniendo en cuenta que los Estados africanos están en un proceso de construcción con fronteras porosas que ni siquiera controlan, un acuerdo mercantil entre algunos países y la UE aumentaría el fraude fiscal en casi todos los otros países de la región. Además hemos de recordar que un acuerdo como el planteado en los EPA solo puede favorecer a todas las partes cuando se celebre entre partes iguales.

Por primera vez en la historia de cooperación entre Europa y Africa, la UE plantea la subsidiariedad normativa en sus acuerdos mercantiles. A esta novedad habría que añadir la imposición de una jurisdicción paralela piloteada por tribunales privados internacionales de arbitraje. Estas dos iniciativas van de mano y significan el secuestro en toda regla de los mercados africanos. La subsidiariedad normativa consiste en que una de las partes puede impugnar una normativa o una política gubernamental de un Estado cuando considere que ello, la norma o política, puede llegar a perjudicar sus intereses.

Imaginemos un país africano como Costa de Marfil, uno de los grandes exportadores de café y cacao del continente. Pero este país es también uno de los grandes importadores de productos derivados de cacao desde Europa. Ahora bien, si el gobierno de Costa de Marfil se planteara controlar la importación de productos derribados de cacao y café para fomentar el proceso de manufacturación de su materia prima y decide impulsar una ley que consiste en subir los aranceles a todos los productos derivados de café y cacao para recaudar fondos que permitirían subvencionar la industria local; una multinacional como Nestlé puede impugnar la ley del gobierno de Costa de Marfil ante un tribunal de arbitraje, que no tiene porque ser un tribunal africano o europeo, porque da lo mismo si este tribunal estuviera en las Bahamas, las Islas Caimán o Barbados.

Los hipotéticos beneficios de los EPA

Los defensores de los EPA basan sus argumentos sobre las buenas intenciones de los acuerdos. De entrada, la implementación de los acuerdos deberían favorecer el desarrollo sostenible ya que pone el énfasis sobre el compromiso general al desarrollo económico, la lucha contra la pobreza, reforzar el estado de derecho y el respecto de los derechos humanos además del fortalecimiento de los principios democráticos y la buena gobernanza. Lo sorprendente es que los objetivos que persiguen los EPA son los mismos que se fijaron el FMI y el BM cuando imponían las medidas draconianas para la privatización de las empresas estatales, el cese de la subvención a la agricultura y las políticas de incentivación que los países africanos habían emprendido en las primeras décadas de sus independencias. Si bien existen ciertas perspectivas positivas desde el momento que ciertos productos africanos podrán ser vendidos en el mercado, sin pagar aranceles. Desgraciadamente con la subida fulgurante del euro-pesimismo magnificado recientemente con el BREXIT, poco podemos esperar de la UE sobre todo cuando sabemos que sus políticas especulativas acabaron hundiendo las economías de los países del sur de Europa como Grecia, Portugal o España durante la última crisis económica. No obstante, estoy convencido que todos aplaudiríamos los EPA si estas medidas fueran solo un valor añadido que hay que tomar en cuenta a la hora de evaluar el balance comercial entre los países africanos.

Los africanos ante la amenaza de los EPA: Resistencia y traición

A la vista de estas amenazas y la fuerte presión social y mediática en algunos africanos, varios líderes se resistieron a firmar o ratificar los acuerdos y otros se han retirado por completo del proceso. Uno de los líderes africanos que se ha ganado la enemistad de la UE por su oposición a los EPA fue el ex presidente Senegalés Abdoulaye Wade cuando publicó el artículo “Europe-Afrique: La coopération en panne” en le Monde el 15 de noviembre 2007. El artículo empieza con la denuncia de la presión que la Comisión Europea ejercía para que los jefes de Estados africanos firmen los EPA. Wade denunciaba también las desventajas para los africanos y señalaba que entre 2000 y 2006 las importaciones desde la UE habían aumentado un 6,5% mientras que las exportaciones africanas hacía la UE se deterioraban. Advierte de que la aplicación de los EPA se traduciría en una pérdida de las recetas de los países entre 35% a 70%, la parte proporcional de los aranceles en el PIB de estos países. Para Wade: “estas pérdidas se traducirían en menos escuelas, menos hospitales, menos infraestructuras, menos universidades, menos funcionarios a cambio de las hipotéticas buenas intenciones de la Unión Europea”.

Lo cierto es que desde el inicio de las negociaciones de los EPA, la sociedad civil africana agrupada en el frente de lucha contra estos acuerdos fue tajante en su rechazo. En Senegal por ejemplo llegó a reunir a actores de la sociedad civil y las autoridades en una marcha de manifestación en Dakar en enero de 2008, en la que participó, por cierto, el entonces presidente de la república y varios de sus ministros. Pero también hay que subrayar el colaboracionismo de algunos jefes de Estados africanos entre los que se encuentra, desgraciadamente, el actual presidente senegalés Maky Sall quien ha apostado por liderar la coordinación de los EPA bajo la presión de la UE llegando incluso a banalizar toda la lucha y la resistencia contra los EPA.

Hoy el liderazgo del NO a los EPA se encuentra sin duda en Tanzania cuyo gobierno se ha decantado retirarse de los EPA en julio de 2016. El encargado de comunicar el rechazo hacía los EPA fue el ministro de comercio y asuntos exteriores Aziz Mlima. Cuando se reunió con los medios para comunicar la decisión del gobierno, pronunció lo siguiente: “Nuestros expertos han establecido que el modo que ha sido concebido, los EPA no beneficiará a las industrias locales en África Oriental. En cambio conducirá a su destrucción puesto que los países desarrollados dominan el mercado”. El señor Mlima tenía toda la razón. De hecho a medida que se van realizando más evaluaciones, se arroja todavía más luz sobre las consecuencias desastrosas que tendría la aplicación de los EPA para las economías de los países africanos.

Los datos contradicen la Unión Europea: Los EPA son dañinos

Como se ha podido comprobar, hasta tres informes de evaluación de los EPA han dado la voz de alarma recomendando la paralización de los acuerdos. Dos de los informes son realizados por la Consultora francesa ITAQA en abril de 2008 “Regional CGE modeling for West Africa: an EPA Study” y en abril de 2012 “A study with Market Access and EPADP scenarios using the HS6 model for the West Africa EPA”. En estos informes, encargados por la propia EU, se ha podido observar, que de aplicar los acuerdos, se produciría drásticamente una caída del volumen comercio entre los países africanos a favor de importaciones procedentes de Unión Europea. Lo que se traduciría en un retroceso en el proceso de integración regional en África que tanto ha costado a los africanos. Esta conclusión muestra la contradicción entre la misión y el resultado de la acción de los EPA. Los datos analizados señalan que los acuerdos perjudicarían gravemente los productores africanos y las recetes de los gobiernos para impulsar políticas públicas.

Tomando el ejemplo de Nigeria al final del período transitorio de aplicación de los EPA, este gigante africano disminuiría su volumen de negocio con los otros de África occidental. Sus importaciones desde Mali caerían en 8.7%, en 5.7% desde Níger, en 5% desde Ghana y en 4% desde Costa de Marfil. Por otro lado, con el aumento de importaciones desde Europa, el balance comercial del mercado de África Occidental se traduciría, en términos absolutos, en una pérdida de 3.182 bn Euros, de los cuales 1.898 bn euros corresponderían a Nigeria. En términos estadístiscos, los intercambios comerciales para los países de África Occidental registrarían unas pérdidas del (-29.2%) de los cuales (-28.3%) correspondería a las pérdidas de Nigeria. Consecuentemente las inversiones públicas en Nigeria caerían en 12% y su PIB registraría una pérdida de 1.8%. Estos datos fueron reforzados por el informe de 2012 que advierte que, de aplicar de manera efectiva los EPA, los precios de los productos procedentes de la Unión Europea bajarían en un promedio del 10.7 % al 5%. En algunos países como Costa de Marfil o Nigeria esta caída se situaría en el 64% y el 55% respectivamente. Al mismo tiempo las importaciones desde la Unión Europea aumentarían en 12%.

Hasta este momento he podido acceder a las tres primeras evaluaciones. La tercera, es realizada por Investigadores de la Universidad de Ibadan, en Nigeria, en abril de 2014 “CGE modelling of impact of European Union-West Africa Economic Partnership Agreement on Nigeria” y sus conclusiones son arrolladoras para los defensores de los EPA. El documento analiza los impactos de la aplicación de los EPA para la economía nigeriana. Según los analistas, al aplicar de manera efectiva los EPA, los ingresos de Nigeria en concepto de aranceles caerían del 10% a la entrada en vigor al 35% al final de periodo en 2035. Los ingresos generales caerían del 0.5% a la entrada en vigor al 5% al final de la fase transitoria. El PIB caería del 2%, el paro se elevaría al 15% con fuertes reducciones salariales y de consumo. La tasa de interés sobre los créditos hipotecarios se dispararía hasta el 25% con un impacto negativo tanto sobre la inversión pública como sobre privada.

La historia de repite: la UE lo tiene todo planeado para saquear

Nos preguntamos ¿cómo pueden las autoridades europeas persistir en su empeño de impulsar los acuerdos de colaboración económica con los países de África que sobreviven gracias a la agricultura y la exportación de las materias primas? La respuesta a esta pregunta ya fue facilitada por altos cargos de la Comisión Europea. El 06 de octubre 2006, bajo la dirección de Peter Madelson, Comisario de comercio de la UE. La comisión europea publicó el documento estratégico “Global Europe” y posteriormente, en junio de 2015, Cecilia Malmström, que sustituyó a Madelson publicaba otro documento “Commerce pour tous”. En ambos documentos se reconoce descaradamente la voluntad de la Unión Europea de forzar acuerdos comerciales utilizando la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En el documento de Madelson se puede apreciar la intencionalidad a presionar terceros países para firmar acuerdos bilaterales poco favorables a las economías de estos países y sin miramiento a las consecuencias desastrosas para su población. En “Global Europe” la UE define claramente su apuesta: “Nuestra prosperidad es directamente ligada a la apertura de los mercados donde procuramos vender…. procuramos, a través de negociaciones bilaterales, quitar las barreras comerciales en las fronteras…” Esta línea de planteamiento es mantenida y reforzada en el informe de Cecilia Malmström donde se ratifica sin tapujos que: “Teniendo en cuenta la dependencia de la UE con respecto a los recursos importados, el acceso a la energía y a las materias primas es determinante para la competitividad de la UE. Los acuerdos comerciales pueden mejorar el acceso de estos productos fijando reglas en materia de no discriminación y de tránsito, atacando las exigencias locales y velando para que las empresas públicas estén en competencia y en pie de igualdad con las empresas privadas según los principios del mercado…”.



Saiba Bayo
CEO, ABS Consulting
www.africabsconsulting.com
bayo.s@africabsconsultiing.com


http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/04/acuerdos-de-colaboracion-economica-europa-africa-la-vuelta-al-colonialismo/


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