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A 50 años de la Guerra de los Seis Días


L´Anticapitaliste


El 5 de junio de 1967 por la mañana las fuerzas aéreas israelíes realizaban un ataque masivo contra la aviación egipcia que se encontraba en tierra: el 80 % de los aparatos egipcios quedan destruidos. Significaba el comienzo de la Guerra de los Seis Días, que acabará el 10 de junio con una victoria aplastante de Israel frente a las fuerzas armadas egipcias, jordanas, sirias, y los grupos armados palestinos. Al término de esta guerra presentada como “preventiva 1/, incluso “defensiva” por el Estado de Israel, este último ocupa el Sinaí egipcio, el Golán sirio, así como Jerusalén, Cisjordania y la banda de Gaza. Una guerra corta, pero que modificó, profunda y duraderamente, las coordenadas políticas y territoriales de la región.

Una victoria con efectos paradójicos

Con esta guerra, Israel persigue un doble objetivo: infligir una derrota al nacionalismo árabe y asentar su control sobre Palestina haciendo desaparecer toda reivindicación territorial de la población indígena. El primer objetivo fue alcanzado, puesto que el nacionalismo árabe no se recuperará jamás de esta derrota y perderá progresivamente su papel central en la región en beneficio de las monarquías petroleras, y a la cabeza de ellas, de la Arabia Saudita. Pero el segundo objetivo, al contrario de lo que dicen las apariencias, no fue cumplido mas que parcialmente, pues la conquista territorial de Cisjordania y Gaza no fue acompañada, al contrario de lo que se produjo en 1948-1949, de un aplastamiento total del nacionalismo palestino.

Paradójicamente, la Guerra de los Seis Días fue una de las causas de un renacimiento del movimiento nacional palestino. A dos niveles. A nivel regional en primer lugar, puesto que la derrota de los ejércitos árabes fortaleció a los jóvenes grupos armados palestinos, en particular a al Fatah de Yasser Arafat, que afirmaban que los Estados árabes no podían asumir la lucha por la liberación de Palestina y que correspondía a los palestinos hacerlo. La cuestión palestina estaba entonces en manos de los regímenes árabes, que habían creado en 1964 una Organización de Liberación de Palestina (OLP) sin ninguna autonomía, de la que los grupos armados palestinos tomarán el control en 1968-1969, etapa esencial de la “palestinización” de la lucha.

Directa o indirecta, la ocupación

A nivel local, es decir en Cisjordania y en Gaza, la ocupación de 1967 contribuirá a dinamizar al nacionalismo palestino, con el desarrollo, durante los años 1970 y 1980, de estructuras de resistencia (asociaciones, sindicatos, comités locales) que van a desplazar progresivamente el centro de gravedad de la lucha palestina que se organizaba, hasta entonces, en los campos de refugiados situados en los Estados limítrofes. Este incremento de la influencia del nacionalismo “del interior” culminará con el levantamiento de 1987, la Intifada, poderoso revelador de la violencia de la ocupación y de la incapacidad de Israel para pacificar de forma duradera a la población palestina de Cisjordania y de Gaza.

La Intifada contribuyó así a abrir una nueva era, la de la ocupación indirecta de una parte de los territorios palestinos, con la reorganización del dispositivo de la ocupación por medio de los Acuerdos de Oslo y del “proceso de paz”, por medio de los cuales Israel ha podido proseguir su empresa colonial pretendiendo a la vez inscribirse en la perspectiva de un “arreglo del conflicto”. Así, a pesar de la ilusión de la “autonomía” palestina, desgraciadamente mantenida por una parte de la dirección del movimiento nacional, la perspectiva de la satisfacción de los derechos nacionales de los palestinos no ha parecido nunca tan alejada, y la naturaleza colonial del conflicto permanece intacta.

¿Un nuevo apartheid?

Cincuenta años después de la guerra de 1967, Israel sigue ocupando Jerusalén, Gaza y Cisjordania, así como el Golán. Una ocupación militar acompañada de una ocupación civil, con un desarrollo de la colonización que no es, contrariamente a una leyenda sabiamente mantenida, solo cosa de “colonos extremistas”, sino una política de Estado, apoyada e impulsada por las autoridades. Si se cuentan hoy más de 600 000 colonos, es claramente porque los gobiernos israelíes, cualquiera que haya sido su color político, han considerado la colonización como una estrategia de conquista, mediante la política del hecho consumado, de los territorios ocupados en 1967.

Pero esta estrategia se enfrenta un obstáculo: la presencia de la población indígena, que se niega a irse. Mientras que en 1948-49 Israel expulsó al 80 % de la población palestina de los territorios ocupados entonces, la conquista de 1967 no permitió arreglar el “problema” demográfico. Así, en los territorios hoy controlados directamente o indirectamente por Israel, se encuentran dos poblaciones, una de las cuales está privada de derechos. Una situación manifiesta de apartheid que, si bien encuentra su fuente en las propias bases de Israel, conoció una aceleración decisiva con la guerra de 1967, cuyas recientes celebraciones, en Israel y otros países, son por ello más indecentes.

Nota1/ Ver http://www.vientosur.info/spip.php?article12705 sobre el carácter “preventivo” de la guerra (NdT) 




Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur https://vientosur.info/




https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228201


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