Yo no soy tonto y pago el IVA que tengo que pagar - Antiimperialista

Titulares

sábado, 27 de mayo de 2017

Yo no soy tonto y pago el IVA que tengo que pagar


El salmón contracorriente


Paseando por la calle o leyendo algún periódico es frecuente en los últimos tiempos toparse con publicidad de cadenas comerciales que anuncian días sin IVA. Efectivamente, cada vez más proliferan las grandes cadenas de supermercados, de venta de productos electrónicos, centros comerciales... que, para atraer compradores, utilizan el reclamo de simular que descuentan el IVA de las compras en unos días determinados


Desde la Plataforma por una Justicia Fiscal consideramos este tipo de campañas muy preocupantes y merecen una seria reflexión. En primer lugar, hay que decir que se trata de una publicidad engañosa, aunque el engaño no afecte al bolsillo del comprador. Porque el comprador no deja en ningún caso de pagar el IVA por el producto comprado. Si así fuera el establecimiento ciertamente estaría en un aprieto, pero no, porque lo que se le aplica es un descuento equivalente al tipo aplicado de IVA, el 21% como tipo general. Pero el IVA se paga.

Pero más allá de la maniobra comercial, esas promociones lanzan un mensaje bastante tóxico sobre los impuestos. Dan a entender que, cuando haya oportunidad, hay que hacer lo posible por no pagarlos. Es considerar los impuestos como algo odioso con lo que cumplimos contra nuestra voluntad, en un mensaje que atenta claramente contra la conciencia de la necesidad ciudadana de contribuir.

Esa conciencia no se forja con sanciones a quien no paga, aunque es evidente que hay que perseguir el delito fiscal, sino explicando para qué sirven los impuestos, estableciendo la conexión entre lo que pagamos y en qué se utiliza. Esa es la clave, dado que considerar los impuestos como una obligación odiosa, sugiere que no obtenemos nada a cambio por ellos.

Ante esto, podemos repasar qué obtienen con los impuestos los establecimientos que manejan esas campañas de día sin IVA. Veamos: los impuestos garantizan un Estado de Derecho que provee de un marco legal y una certidumbre jurídica imprescindibles para desplegar actividad económica, además financian infraestructuras de transporte, energía, telecomunicaciones… y servicios públicos básicos (educación y sanidad) que aseguran trabajadores cualificados más una eficaz cobertura sanitaria, y un largo etcétera.

Y es así sólo apelando al interesado “¿y a mí que me toca?”, lejos aún de una concepción solidaria y de esfuerzo común para sostener un sistema fiscal que trate de compensar los desequilibrios y desigualdades que genera el juego económico, que es como muchos entendemos la fiscalidad. Frente a ello, hay quien defiende que eso no tiene que ser algo que haya de tener en cuenta una empresa, que se centra en velar por sus intereses. En contraste, hay empresas que entienden que su actividad no sólo no está reñida con una contribución social positiva, sino que ambas pueden estar perfectamente alineadas.

Desde luego, campañas como la del día sin IVA lanzan un mensaje de desafección con la contribución tributaria que choca frontalmente con esos planteamientos. Así que, si una empresa quiere tener credibilidad para resaltar su compromiso con la sociedad en la que opera, debe desechar sin dudar ese tipo de campañas. Y hay que rechazarlas también como consumidores, como contribuyentes y como ciudadanos. Hemos de entender que no todo vale para ahorrar, y hay que rechazar frontalmente esas promociones.

¿Y un día sin beneficios, donde lo que se descuente sea el margen del establecimiento y no el IVA? ¿O tiene más sentido poner en duda el pago del IVA que el beneficio que se lleva una empresa?

Miguel Alba, Plataforma por una Justicia Fiscal








https://www.rebelion.org/noticia.php?id=227162

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