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Una hipótesis a contramano de las pruebas


EN UN AÑO ELECTORAL Y TRAS LA REAPARICIÓN DE CFK, VUELVEN A INSTALAR LA TEORÍA DE QUE NISMAN FUE ASESINADO

La Gendarmería presentaría un informe indicando que el fiscal fue víctima de un homicidio. Esa versión, difundida por Clarín sin explicar sus fundamentos, contradice todas las pericias realizadas hasta ahora y abona las conclusiones que le convienen al Gobierno.

(Imagen: Arnaldo Pampillon)




Era de esperar. La Gendarmería, que actúa bajo la conducción política de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, adelantó ayer a través del diario Clarín que las pericias del caso de la muerte de Alberto Nisman llegarán a la conclusión que el gobierno de Mauricio Macri exigía: según parece, los gendarmes dirán que había otra persona junto al fiscal en el momento del disparo, es decir que lo asesinaron. El miércoles pasado era el día en que estaba fijado el inicio de la pericia pero, cuando se presentaron los especialistas designados por la defensa del técnico informático Diego Lagomarsino, los gendarmes les dijeron que no podían participar. O sea que la Gendarmería hizo –si es que verdaderamente la hizo– una pericia a escondidas y, en términos oficiales, tardó dos días hábiles. La conclusión –en caso de existir– es contraria a todos los estudios y análisis anteriores, entre ellos el de los trece forenses que conformaron la Junta Médica, la mayoría designados por la Corte Suprema, quienes sostuvieron que “ninguna de las observaciones contenidas en los aspectos médico legales indican, con certeza pericial, que se haya tratado de un hecho homicida”.
Justito

La filtración de la supuesta pericia de Gendarmería llegó justito después de la aparición pública de Cristina Fernández de Kirchner. Por supuesto que se trata de una mera coincidencia, pero siempre estuvo claro que el gobierno de Macri, con el respaldo judicial de gran parte de la estructura de Comodoro Py, intentó involucrar a la ex presidenta o a miembros de su gobierno en la muerte del fiscal. En esa misma línea se anotaron las derechas norteamericana e israelí, con las que Nisman trabajaba codo a codo, y que elaboraron la hipótesis de que al fiscal lo mató un comando iraní-venezolano, con ayuda de la administración kirchnerista. Voceros de esa jugada fueron el ex jefe de los espías Antonio Horacio “Jaime” Stiuso, la diputada Elisa Carrió y la ex esposa de Nisman, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Ninguno de los tres aportó prueba alguna que llevara el expediente a la calificación de homicidio; las evidencias que mencionaron resultaron ser falsas, pero la versión del asesinato es la que convenía a la coalición política-judicial-mediática, con eje en la Casa Rosada, que combate lo que ellos llaman los gobiernos populistas. 

El gran problema de esa coalición es que las pericias de la causa fueron a contramano de la hipótesis del homicidio. No sólo los forenses sostuvieron que no hay evidencia de accionar homicida, sino que también cinco de los seis criminalistas afirmaron que “no se observa el tránsito de ninguna otra persona” por el baño en el que se produjo la muerte, lo que tácitamente significa que Nisman se quitó la vida. El laboratorio de Salta que hizo las pruebas sobre las manos del fiscal también concluyó que “se hallaron partículas consistentes con disparo de arma de fuego”, es decir que Nisman tenía rastros de fulminante en las manos, producto de que él efectuó el disparo. 
A medida

La fuerza que conduce Patricia Bullrich le adelantó a Clarín que llegaron a la conclusión de que hubo otras personas con Nisman y que, por lo tanto, lo asesinaron. La pericia se entregará recién dentro de 30 días. 

El trabajo pericial diría que se llegó a esa deducción porque –según ellos– el cuerpo fue movido y porque eso explicaría que el arma haya aparecido debajo del hombro. El dato curioso es que el propio perito de Arroyo Salgado, Daniel Salcedo, declaró a fojas 6341 de la causa que “al momento en que arribó el personal policial, como también la fiscal Viviana Fein, no se afectaron los patrones de manchas”. Es decir que la escena se preservó intacta, se filmó y se fotografió. Y en el análisis de las manchas no hay ningún rastro de que el cuerpo se haya movido o arrastrado, algo que obviamente hubiera dejado huellas. 

A fin de mes, cuando la Gendarmería entregue el estudio, habrá que ver, en concreto, cómo contradicen lo que dijeron los forenses, los criminalistas y los peritos del Servicio de Ingeniería y Química Forense de Salta.
Oculto

La causa por la muerte de Nisman pasó a la Justicia federal, la más política y alineada con el Gobierno, después que Stiuso declarara durante varias horas y sin que aportara ninguna evidencia. El expediente recayó en el juez Julián Ercolini, quien delegó la investigación en el fiscal Eduardo Taiano. Este es el que jugó la carta de la Gendarmería ante el hecho de que las pericias anteriores virtualmente indicaban que Nisman se suicidó. 

Cuando los peritos de la defensa de Lagomarsino, José Esperanza y Luis Olavarría, se presentaron en la Gendarmería hace varios meses, los especialistas de esa fuerza les dijeron que se dedicarían primero a leer la causa y ver las evidencias. La fecha fijada para iniciar los trabajos fue el 24 de mayo. Esperanza y Olavarría se presentaron ese día y la Gendarmería les dijo que, por orden del fiscal Taiano, no podrían participar. Los gendarmes trabajarían solos, sacarían sus conclusiones y luego Esperanza y Olavarría podrían firmar el informe si estaban de acuerdo o hacer su propio dictamen. 

Los abogados de Lagomarsino, Gabriel Palmeiro y Martín Chasco, advirtieron la maniobra y presentaron un escrito el día hábil siguiente, el viernes, diciendo que el artículo 262 del Código Procesal Penal (CPP) establece que “los peritos practicarán unidos el examen, deliberarán en sesión conjunta y si estuvieran de acuerdo redactarán su informe en común. En caso contrario realizarán por separado sus dictámenes”. Palmeiro y Chasco le manifestaron en el texto a Taiano que “el procedimiento que se pretende llevar adelante no resulta en nada equiparable al que fija la normativa vigente”. Como es obvio, los letrados preparan el pedido de nulidad.

En todas las pericias anteriores, ordenadas por la fiscal Viviana Fein, participaron todas las partes a lo largo de los trabajos. Y los peritos de Arroyo Salgado luego firmaron dictámenes en discrepancia o en discrepancia parcial. 

La maniobra de Taiano y la Gendarmería quedó clara: hacer una pericia a escondidas, de manera ilegal, y sacar las conclusiones que el gobierno de Mauricio Macri quiere y necesita.
Pruebas

Las evidencias que tomaron los forenses y criminalistas anteriores conforman un extenso listado:
El disparo que mató a Nisman fue a menos de un centímetro. No hubo en el baño pelea ni se encontró desorden alguno. Es impensado que un hombre que medía casi 1,90 metro no hubiera presentado una mínima resistencia. El disparo es en la sien, el lugar habitual para un suicidio, y detrás de la oreja como dijo públicamente Arroyo Salgado. 
No hay lesiones defensivas de Nisman. No tiene golpes, según dictaminaron los forenses, salvo uno en la cabeza, leve, producto de la caída, y uno de antigua data en una pierna. 
No hubo otra persona en el baño. Las manchas de sangre cayeron hacia cada costado y hacia atrás sin ninguna interferencia. Por ejemplo, había gotas en el inodoro, lo que demuestra que no había nadie detrás de Nisman.
No hay pasos en el baño, ni ADN ni huellas digitales de ninguna otra persona que no fuera Nisman. 
La puerta del baño estaba cerrada, entornada. Lo declaró la madre de Nisman, la primera que entró al departamento y encontró al fiscal tirado en el baño. También la mancha de sangre en esa puerta, en la parte de abajo, demuestra que la puerta estaba cerrada. Es imposible que alguien haya llevado al fiscal al baño, amenazado, le haya disparado, luego saliera del baño y desde afuera empujara el cuerpo de Nisman para dejarlo contra la puerta. Todos esos movimientos hubieran quedado marcados en el piso.
No hay una sola mancha de sangre fuera del baño, algo que hubiera ocurrido si el supuesto asesino hubiera salido del baño después de haber matado a Nisman. El disparo produce salpicaduras en todos lados y también en el piso. No sólo no hay manchas de sangre fuera del baño sino tampoco ADN o huellas digitales.
Los criminalistas sostienen que es perfectamente posible que el arma haya quedado debajo del hombro. Es que casi seguro Nisman cayó hacia atrás, pero no se sabe si fue en caída libre o fue cayendo de a poco. De todas maneras, si se quería simular un suicidio, lo mejor hubiera sido poner el arma en la mano. Obviamente eso no ocurrió.
n La hipótesis de que Lagomarsino formaba parte de un comando no tiene consistencia desde el momento en que el arma, registrada a su nombre, quedó dentro del baño. Como en todos los demás aspectos, Clarín no aporta ningún dato. Se limita a poner “Lagomarsino está más complicado”. La lógica es que quien hubiera formado parte del plan criminal se llevara el arma, registrada a su nombre, para no dejar rastro y no dejarla ahí, casi como una firma. Tampoco tiene lógica que un sofisticado comando internacional haya usado la pistola del técnico informático, que llevaba décadas sin ser disparada. 
El estudio de barrido electrónico, que analiza los átomos de la piel, concluyó que “de las muestras analizadas se hallaron partículas consistentes con residuos de disparo de arma de fuego”. O sea que Nisman disparó. No usó fuegos artificiales ni una pistola de construcción, que son los otros elementos que dejan esas partículas.
No hay un solo testimonio que mencione a personas extrañas que hayan entrado o salido del edificio. Nadie dejó de vivir en Le Parc después de la muerte del fiscal, lo que indica que tampoco se alquiló un departamento para la supuesta operación. La puerta principal estaba cerrada con una traba del lado de adentro. La puerta de servicio también tenía una traba cerrada del lado de adentro. La madre la abrió con sus llaves cuando llegó. La cerradura de abajo también tenía puesta la llave del lado de adentro. Tal vez alguien tuviera otra llave más, pero no hay un dato que corrobore esa hipótesis. 

La filtración que Clarín atribuye al Gobierno, la dirigencia de la comunidad judía y la Justicia, pero que vendría de la Gendarmería, no aporta ningún elemento que permita realmente saber por qué los gendarmes concluirían todo lo contrario que los anteriores peritos. No dice qué evidencia los convence de que había alguien más y cómo esa persona salió del baño sin dejar rastro, algo que no vieron ni siquiera los peritos de Arroyo Salgado. Con los datos actuales es imposible contrastar los elementos con otros especialistas, ya que los supuestos trabajos se hicieron a escondidas.

Lo único que sí se puede concluir es que la fuerza que maneja Patricia Bullrich sacó la conclusión que el Gobierno quería que sacara. Mostraron que son rápidos para los mandados.



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