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Un Pueblo extraordinario. Apuntes sobre el nuevo Proceso Constituyente


Gabriel Zalazar
Para el campo popular es fundamental que el Proceso Constituyente se construya no sólo con los pies sobre la tierra sino con los pies descalzos sobre la tierra

Un pueblo extraordinario

La fuerza y la violencia de la derecha nos movilizaron. Con Chávez por dentro, decidimos no equivocarnos -a pesar de las críticas a la gestión y de lo crítico de nuestra propia política- reaccionamos ante la desfachatez imperialista de la OEA y ante el reenergizado fascismo de la oposición y su vanguardia de clase. El 19 de abril fue hermoso, el 1ro de mayo fue bonito; las últimas 72 horas -desde el mismo extraordinario momento en el que el Presidente anunció la iniciativa constituyente- han sido de efervescencia y emoción, seria evaluación del reto, sesudos análisis, una explosión deliberativa, algunas inseguridades y algo de desconcierto... y muchas preguntas.

Así, una comunera barinesa de 52 años, activa en su CLAP, que abandonó la UBCh "porque no daban ideología para el trabajo en la comunidad y se quedaban solos, con la información secuestrada", vocera de economía y promotora de una planta de harina de maíz comunal interpelaba a una asamblea de casi trescientos productores, voceros comunales y de bloques de comunas (y a ministros presentes), decía:

"¿Podrán ustedes que saben tanto, más allá de las palabras bonitas, ayudarnos a explicar? Yo necesito tener elementos para una pregunta muy tonta ¿Constituyente por qué y para qué? Porque cuando me respondan los vecinos: Míjita, yo lo que necesito es la Harina PAN, no tengo arroz ¿qué les digo? ¿Cómo les explico esto que acabamos de conversar que con la paz nosotros le ganamos al Imperialismo y a la derecha? ¿Blindar, institucionalizar (constitucionalizar) a las comunas y el poder popular? Que me respondan ¿institucionalización, qué es eso? Y los chamos, que están con el telefónito ¿cómo hago para que quieran una Constitución? ¿Cómo hacemos para que se activen en primer lugar? La vaina no está fácil ¿será que podemos tener encerronas y reuniones como esta en nuestras comunas?"

Y arrancó el debate. La gente se reía, aplaudía, gritaba y se felicitaba, que orgullo se sentía, que combatividad se respiraba... con los pies puestos sobre la tierra. En conclusión, el llamado, su interpelación, es para apropiarse de herramientas pedagógicas para el trabajo de base. Hacerlo en sintonía con el sentir, necesidades y vida de nuestro pueblo.

Poner los pies sobre la tierra

Poner los pies sobre la tierra nos sirve de metáfora, en un doble sentido. Por un lado, expresa las condiciones para la repolitización y repolarización como principio de trabajo militante en el marco delimitado por situación golpista actual y la coyuntura que busca la derrota estratégica del Chavismo y la Revolución en el período 2017 - 2019. Implica una renovada sintonía con la calle, con el barrio y con el campo, bastiones históricos de la Revolución de Chávez; de la mano del reconocimiento de las dificultades y de nuestros errores (y seguramente -de alguna forma, cuidando el principio de unidad- señalando a los responsables). Así mismo, significa avanzar en una nueva conexión con una juventud que se tapa los oídos ante nuestra propaganda y discursos anquilosados o que, simplemente, no levanta la mirada del teléfono inteligente; es fundamental reintroducirnos en sus espacios simbólicos y físicos, de manera radical.

Rescatemos así toda la historia de lucha de las organizaciones revolucionarias: la fábrica, la universidad y el liceo, el campo; también rescatemos, eso más impreciso, menos puro y más mestizo -que siempre ha existido en Nuestra América (los descamisados, los sin dientes, los pata en el suelo, las hordas)-. Son aquellos hacia los que Chávez heterodoxamente siempre se dirigió. Triunfar en la Constituyente que se avecina no será fácil; alcanzar una mayoría en los distintos momentos requeridos no está garantizado y alcanzar la hegemonía pareciera algo distante. Ahora, a pesar de los peligros, lo primero que debemos asumir es la construcción de un nuevo bloque histórico del campo popular; esto, en sí mismo, significaría un triunfo estratégico para la Revolución Bolivariana.

El otro sentido de poner los pies sobre la tierra se refiere a la cuestión de clase y el proyecto revolucionario de país. Que no quepa duda de que viviremos intensamente durante el Proceso Constituyente las tensiones y luchas en el campo bolivariano entre un proyecto popular, comunal y revolucionario y uno estatista y favorable a viejos y nuevos sectores burgueses. Por eso, para el campo popular es fundamental que el Proyecto - Proceso Constituyente se construya no sólo con los pies sobre la tierra sino con los pies descalzos sobre la tierra -los descamisados, los pata en el suelo... es lo mismo-. ¿Cómo se logra eso? Está por verse, considerando nuestra porfiada carencia de organización; pero una acción consciente de las organizaciones (territoriales y sectoriales) realmente existentes conectadas con el chavismo aluvial con memoria histórica del año 99, podría ser una opción.

Los chavistas hablan con la verdad, no se puede ocultar nada. Es de esperar que desde la jefatura de gobierno y del aparato político - partidista que le acompaña bajen líneas organizativas, discursos, simbología, programas y propuestas; algunas ajustadas al sentir del chavismo de base y otras no tanto. Ya ha ocurrido en otros momentos de la Revolución que, más allá de los comandos juramentados y las directrices, nuestro extraordinario pueblo ha reinventado y reformulado unos y otros; así ocurrió en el marco del Referendo Revocatorio del 2004. La cuestión es avanzar evitando confrontaciones estériles mientras se activa esa inventiva caribe que nos caracteriza; la ágil e inteligente creatividad que sigue la corriente y se ocupa de hacer lo (in)correcto... y cuando es el momento, probada una relación política, enfrenta.

Así planteado, creo que la apuesta debe ser hacia el interior del campo revolucionario y del chavismo de base. Aquella denuncia de la gestionalización de la política y el implícito llamado a "la institucionalidad" -como si esta fuese a realizar un mea culpa y corregir los errores (de paso, pareciera un acto fallido de alguien que quisiera tener la oportunidad de ser un buen burócrata en una buena "institución")- no es relevante en estos tiempos de constituyente. Considero que el planteamiento debe apuntar a avanzar en procesos de generación de movimiento popular y apurada construcción de identidad y organización popular. Algún tipo de reverberación popular en el contexto constituyente.

En definitiva, sigo pensando que debemos reinventarnos con las claves de Chávez; y, en este sentido, planteo dos claves fundantes que descentraron a la izquierda tradicional y potenciaron la lucha revolucionaria en Venezuela, éstas son: tiempos y cantidad -no ser pocos, no conformarnos con poco-. Compas de Nuestro Sur, plantean la cuestión de la síntesis; en Venezuela pareciera que debemos ¡construir síntesis ya! (una síntesis pero apurada, jejeje). En todo caso, mi perspectiva es que deben las organizaciones y militantes expresar una voluntad de poder y una voluntad de asumir ya una opción política. ¿Nos juntamos? Sí ¿Nos juntamos para producir e intercambiar en el marco de la guerra económica? Sí. Pero debe asumirse como un proceso político y como voluntad, voluntad de poder... de manera explícita entre iguales, hacia adentro.



http://www.lahaine.org/mundo.php/un-pueblo-extraordinario-apuntes-sobre

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