Titulares

lunes, 8 de mayo de 2017

Entrevista Trump-Abbas: Un festival de egos



Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Trump y Abbas en el Despacho Oval (AFP)

Ni Trump, ni Abbas, ni Netanyahu están dispuestos a ir más allá de la firma de algún que otro documento ni a trabajar realmente por una paz justa y duradera.

En las palabras de apertura de su conferencia de prensa junto a Mahmud Abbas en Washington, Donald Trump alabó al presidente palestino por haber firmado valientemente la Declaración de Principios (DoP, por sus siglas en inglés) –el nombre oficial del Acuerdo de Oslo- sobre el césped de la Casa Blanca hace 24 años.

Según Trump, el DoP “sentó las bases de la paz entre israelíes y palestinos”. Igualmente importante, dijo a Abbas “fue poner su nombre en el primer acuerdo de paz palestino-israelí”. Trump expresó su apoyo a Abbas por “ser el líder palestino que estampa su nombre al final del acuerdo de paz más importante, porque lleva seguridad, estabilidad y prosperidad a ambos pueblos y a la región”.

Estas palabras fueron como música celestial para los oídos de Abbas, que lleva tiempo deseando tal reconocimiento. Abbas se ha quejado siempre de no recibir el suficiente reconocimiento por su papel histórico en la firma de un documento “muy importante”, quejándose de que todo el crédito fue a parar al difunto líder de la OLP, Yaser Arafat, incluido el Premio Nobel.

Sin duda que esas palabras de apertura de Trump reforzaron el ego de Abbas en un momento en el que sufre una profunda crisis de legitimación en casa, criticado por el pueblo palestino por encaminar la política palestina por el sendero del autoritarismo –sobre todo por tener subcontratada la represión israelí- y por solidificar la fundación de un Estado policial palestino bajo la ocupación militar israelí

Líderes en negaciones

Sin embargo, el recibimiento, supuestamente cálido, preocupó y confundió al parecer a los israelíes. A su vez, Abbas replicó esta narrativa “trumpiniana” de celebración de egos diciéndole a Trump: “Ahora, gracias a Vd., Sr. Presidente, tenemos esperanza”. Con anterioridad le había indicado: “Su valiente administración y sabiduría, así como su gran habilidad negociadora, traerán consigo la paz”.

Tan encendida retórica, la hipocresía y el egocentrismo bloquearon los ojos y mentes de los dos presidentes impidiéndoles reconocer el fracaso total del DoP a la hora de llevar seguridad y prosperidad a ambas partes, palestinos e israelíes.

En realidad, ese Acuerdo de Oslo le ha permitido a Israel ampliar sus ilegales asentamientos judíos en las ocupadas Cisjordania y Jerusalén, así como proseguir su colonización de las tierras palestinas. El fracaso de ese celebrado DoP y sus entramados ha hecho que Israel consolide sus políticas, prácticas y estructuras de apartheid.

En resumen, el DoP representó apenas un acuerdo de seguridad entre los colonizados y el colonizador para asegurar a este último, lo cual está muy lejos de ser un acuerdo de paz, en detrimento de los medios de vida del pueblo palestino.

Asociación sospechosa

La condicionalidad de los acuerdos de seguridad y contraterrorismo estaban en el núcleo de los comentarios de Trump, muy en línea con las demandas israelíes y la doctrina de seguridad impuesta por los donantes de la Autoridad Palestina (AP).

Trump afirmó claramente: “Debemos continuar construyendo nuestra asociación con las fuerzas de seguridad palestina para contener y derrotar al terrorismo”. Y añadió: “Ellos [los aparatos de seguridad palestino e israelí] se llevan extraordinariamente bien”, una declaración que indignó a muchos palestinos.

No sorprende, pues, que Abbas asintiera con la cabeza durante toda la conferencia de prensa, ya que considera la coordinación en materia de seguridad como de “interés nacional palestino” y algo así como una doctrina “sagrada”.



Fuerzas de la Autoridad Palestina se enfrentan a los manifestantes frente al tribunal de Ramala en marzo de 2017 (MEE/Elia Ghorbiah)

Sin embargo, esto se traduce en realidad en una asociación que intenta criminalizar a la resistencia palestina frente a la ocupación israelí. Es una asociación que intenta empoderar el dominio de las fuerzas y establishment de seguridad de la AP, situándolos como órganos para la represión del pueblo palestino y su lucha por la autodeterminación.

Esta asociación se pone aún más de manifiesto en el patrocinio de las transformaciones autoritarias que han acompañado el proyecto de construcción del Estado palestino, especialmente a lo largo de la última década.

La mayoría del pueblo palestino rechaza esta “sagrada” coordinación de seguridad entre la AP e Israel, que ha contribuido significativamente a la creciente brecha de legitimidad entre el pueblo palestino y la elite política y de seguridad.

Pero ni a Abbas ni a Trump les importan un comino las aspiraciones y demandas del pueblo palestino. Ambos presidentes no aciertan a entender que, en primer lugar, un acuerdo de paz duradero y significativo no es posible sin la aprobación y apoyo del pueblo. Conseguir la paz, a diferencia de lo que Trump y Abbas proclaman, es algo más complejo que la mera firma de un “documento”.

La paz no puede comprarse

Al igual que la mayoría de los anteriores gobiernos estadounidenses, Trump sólo entiende el “gran acuerdo final” a través de las lentes de la seguridad y la economía. En consecuencia, sigue reforzando el camino bien trillado y el paradigma fracasado del enfoque de una paz tan sólo centrada en la seguridad y la economía.

Incluso un breve examen de la Iniciativa Económica para Palestina (PEI, por sus siglas en inglés) del secretario de estado de EEUU, John Kerry, aporta multitud de ejemplos y lecciones de por qué las “nuevas oportunidades económicas”, según EEUU las ha dictado y dentro del marco y entendimiento de su enfoque sobre la paz y el “gran acuerdo”, no conducen a la paz. En realidad, es todo lo contrario: sostienen y refuerzan un statu quo que niega los derechos humanos básicos, la igualdad y la libertad.



El secretario de estado estadounidense John Kerry estrecha manos con el expresidente isrelí Shimon Peres y el presidente de la AP Mahmud Abbas, en el Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio y África del Norte en Jordania (AFP)

Trump puso fin a la reunión afirmando: “Vamos a iniciar un proceso que llevará esperanzadamente a la paz”. Pero ni definió el proceso ni sus parámetros, ni hizo mención alguna al Estado palestino ni a la solución de los dos Estados tan perseguida por Abbas a lo largo de toda su carrera política. Abbas se limitó a decir “Okey”. Y aprobó “iniciar un proceso” y un viaje hacia la paz bajo el liderazgo de Trump.

En cuanto a Trump, al igual que para la mayor parte de las anteriores administraciones estadounidenses, la paz significa seguridad y estabilidad política para Israel. Para los dirigentes políticos israelíes, como ponen en evidencia sus hechos sobre el terreno, paz significa anexión, colonización y apartheid. Para los dirigentes de la AP, no electos y no representativos, la paz significa atrincherar sus privilegios económicos y la percepción de su poder y autoridad (reales o imaginados).

Abbas, sus asesores y el liderazgo político palestinos son incapaces de aprender una lección muy sencilla que lleva mucho tiempo en el aire apoyada en pruebas muy consistentes: que para la paz, EEUU es un intermediario deshonesto.

La paz auténtica implicaría la descolonización y el desmantelamiento del régimen de apartheid israelí, así como el fin de la ilegal ocupación militar israelí, este es el primer paso.

Pero ni la administración estadounidense, ni Abbas, ni Netanyahu están dispuestos a viajar por tal carretera. Sólo pueden implicarse en un proceso que satisfaga sus egos y fantasías ideológicas, pero que no servirá realmente para asegurar una paz justa y duradera. Esa será labor de la próxima generación de dirigentes.

Alaa Tartir es director del programa Al-Shabaka: The Palestinian Policy Network. Dispone de una beca de posdoctorado en The Geneva Centre for Security Policy (GCSP); es investigador visitante del Centre on Conflict, Development and Peacebuilding (CCDP) y del Graduate Institute of International and Development Studies (IHEID), Geneva, Switzerland. Twitter @alaatartir; página en Internet: www.alaatartir.com


Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.


https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226343



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