La crisis migratoria del Mediterráneo y el riesgo del círculo vicioso - Antiimperialista

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domingo, 30 de abril de 2017

La crisis migratoria del Mediterráneo y el riesgo del círculo vicioso




Por Frank González
Roma, 30 abr (PL) Más allá de manifestaciones circunstanciales, el indetenible flujo migratorio hacia Italia a través del Mediterráneo puede convertirse en un círculo vicioso si se pierde de vista la raíz del problema.

El desplazamiento de personas de uno a otro lugar por disímiles motivos es un hecho consustancial al surgimiento y desarrollo de la especie humana en todas las épocas.

Los movimientos migratorios temporales o permanentes, voluntarios o forzados, internos o internacionales están siempre asociados a la idea de encontrar mejores perspectivas de vida en los lugares de destino.

Las personas emigran por motivos políticos, socio-económicos, culturales, familiares, guerras, conflictos y la degradación o desaparición de hábitats, debido al impacto de fenómenos naturales extremos y otros como el cambio climático.

En todos los casos, se trata de situaciones complejas originadas con frecuencia por una conjunción de factores interconectados, ante los cuales no todos los integrantes de un grupo social reaccionan de la misma manera.

Sin embargo, al margen de la complejidad del problema y la diversidad de enfoques para interpretarlo, en los flujos migratorios están presentes siempre los factores de expulsión y atracción, los cuales condicionan la decisión de emigrar en contextos sociales históricamente determinados.

De acuerdo con un estudio de la ONU, al cierre de 2015 unas 244 millones de personas residían fuera de sus respectivos países de origen, 41 por ciento más que la cifra registrada 15 años atrás.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), por su parte, fijó en 65,3 millones el número de seres humanos obligados a abandonar sus lugares de residencia en el mismo período.

Esa cifra superó en casi seis millones la del año precedente y representó, en términos prácticos, el alejamiento forzoso de 24 personas cada minuto.

Según los datos contenidos en el informe 'Tendencias globales, desplazamiento forzado en 2015', alrededor de 21,3 millones del total eran refugiados, 40,8 desplazados internos y otros 3,2 millones solicitantes de asilo.

En ese contexto se inserta la denominada crisis migratoria europea, agudizada en los últimos años por el arribo masivo de inmigrantes procedentes principalmente de países del África Subsahariana, el Medio Oriente y Asia Central obligados a dejar sus lugares de residencia por diferentes motivos.

Una vez bloqueada la ruta de los Balcanes y suscrito el acuerdo de la Unión Europea con Turquía, el ingreso de inmigrantes irregulares en Europa se concentró en el Mediterráneo central.

Italia, por múltiples razones históricas y geográficas, acentuadas en los últimos años por circunstancias geopolíticas, es el destino principal de quienes arriesgan la vida en la peligrosa travesía a bordo de embarcaciones cada vez más frágiles e inseguras.

Según datos de la Acnur, 181 mil 436 hombres, mujeres y niños llegaron a costas italianas en 2016 por esa vía, en tanto otros cuatro mil 576 perecieron en el intento. Todos provenían de países azotados por guerras, conflictos internos y condiciones infrahumanas de existencia.

Del 1 de enero al 23 de abril del presente año, la cifra ascendió a 36 mil 807, un 43 por ciento más que en igual período el año precedente, con más de mil fallecidos.

En casi todos los casos el punto de partida fue Libia donde operan bandas de traficantes de personas al amparo del caos y la ingobernabilidad predominantes en ese país desde 2011, tras el derrocamiento y posterior asesinato de Muamar el Gadafi.

En la nación norafricana se concentran los viajeros antes de emprender la travesía en embarcaciones frágiles e inseguras, carentes de las condiciones mínimas para llegar a su destino.

La impunidad con la cual operan los delincuentes en un territorio distante a sólo 470 kilómetros de las costas italianas contribuye a reforzar los factores de expulsión y atracción, los cuales constituyen, en definitiva, la causa del problema.

Cualquier otro enfoque del fenómeno que no tenga en cuenta esa realidad sólo conducirá a un círculo vicioso.

Para el gobierno italiano, la gestión adecuada de los flujos migratorios pasa por el enfrentamiento a las redes de traficantes, el reforzamiento de los controles en los países de tránsito y partida, junto a iniciativas para fomentar mejores condiciones de vida en las naciones emisoras.

El objetivo final, expresado por el primer ministro Paolo Gentiloni, es evitar la pérdida de vidas y establecer normas y estructuras que garanticen un flujo migratorio seguro y ordenado.

rc/fgg



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